El placer de sentirse mujer

  • Ángeles Mora recrea en 'Bajo la alfombra' las distintas formas de amar a través de unos poemas que rebosan esperanza

Comentarios 1

Bajo la alfombra de Ángeles Mora es una colección de poemas que proponen una muy interesante revisión de las diversas y aparentemente fragmentadas formas de amar. Son poemas sorprendentes por inusuales y valientes.

Mirar de frente en el poema, sin excesivas concesiones a las máscaras retóricas pero de gran perfección formal, la cotidianidad, los días trillados, la ciudad ajena, los amigos falsarios y su falsaria sonrisa, el tiempo devastando con el silencio lo que antes fueron frutos del amor... Mirar de frente las ruinas que ya son nuestra piel, enumerar las pérdidas y los logros escondidos debajo de la alfombra es un acto de valentía poética en estos tiempos de frivolidad y fingimiento. Tanto los logros como las pérdidas constituyen el transcurrir de la vida y su enumeración metafórica emocionada va reconstruyendo una identidad que pudiera parecer haber estado fragmentada.

El libro se divide en tres partes: De poética, Para seguir viviendo y Caminos de vuelta. En cada una de estas partes hay poemas memorables aunque, no obstante, y como si del viaje de la vida se tratara, me interesa destacar De poética erótica. Ya somos muchas las mujeres que nos vemos sistemáticamente expulsadas de la erótica en el arte pues la concepción de lo erótico es y ha sido ampliamente recreada y expuesta por la mirada masculina, la erótica en la que el objeto del deseo y de la creación artística es el cuerpo femenino. Sabemos ya demasiado bien lo que nuestros cuerpos inspiran y han inspirado a lo largo de la historia y lo que se espera de ellos. Pero, ¿qué deseamos nosotras? ¿qué nos seduce? ¿cómo representamos nosotras la erótica? Mientras no seamos valientes y la recreemos, escribamos, pintemos, y fotografiemos seguiremos clamando en el desierto. Y seremos unas desconocidas para nosotras mismas y para el resto del mundo.

Con este poemario la autora me ha permitido reescribir muchos deseos, emociones casi innombrables, una erótica del sabor, el tacto y el color. He paseado por una ciudad que me resultaba ajena en busca de un sueño, he trazado en mi corazón las rayas de sus calles, he atravesado sus plazas queriendo encontrar al amante, lo he perdido y al perderlo lo he encontrado.

Con gran sutileza, deja la poeta deslizar la melancolía de estas emociones tan difíciles de nombrar, paladear el deseo y al mismo tiempo sentir un soplo de desolación ante los silencios del otro.

Hay en estos poemas una luz de verdad que no hiere ni inquieta, sino que despeja incógnitas en la encrucijada de las edades y de la vida. Es una luz que ilumina, en una especie de revelación, formas nobles de amar y algunos caminos turbios e insinceros de los que deberíamos desviarnos. También ilumina el camino de ida hacia el futuro. Hay que ser valientes para nombrar los afectos y sus claroscuros, valientes para nombrarnos, y para detectar los puñales que nos matan tanto física como emocionalmente.

Pero los poemas de este libro no sólo nos arrojan luz sobre algunos puñales, sino sobre los abrazos necesarios, los besos y las caricias. Arrojan luz sobre la vida. Muchos de sus versos dejan unas gotas de esperanza, gotas dulces de amigas necesarias para contemplar nuestras hermosas ruinas y tal vez, aunque melancólicamente, reír.

Etiquetas

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios