El primer romanticismo de la mano de Salvador Mas

Orquesta Ciudad de Granada. Programa: Felix Mendelssohn, 'Octeto en Mi bemol mayor op. 20'; Franz Schubert, 'Sinfonía núm. 3 en Re mayor D 200'. Director: Salvador Mas. Lugar y fecha: Auditorio Manuel de Falla, 13 de enero de 2012

El recién inaugurado año trajo consigo una nueva lección de interpretación a cargo de Salvador Mas al frente de la Orquesta Ciudad de Granada. Sin arriesgar en la programación, pero seguro de sus efectivos, acometió un concierto en el que acercó a la audiencia a dos de las joyas menores del primer romanticismo centroeuropeo: el Octeto de Mendelssohn en versión para orquesta de cuerdas y la Sinfonía núm. 3 de Schubert.

La presencia de Salvador Mas como director titular de la OCG ha traído consigo una recuperación del mejor repertorio centroeuropeo. Mas acomete en sus interpretaciones una fusión entre la tradición del gran sinfonismo y el profundo conocimiento del repertorio. Muestra de ello fue la versión ofrecida del Octeto en Mi bemol mayor op. 20 de Felix Mendelssohn. La obra fue originariamente escrita como pieza de cámara en 1825, siendo considerada como la primera obra maestra del todavía joven compositor.

La versión para orquesta de cuerda escuchada no desmerece en absoluto el magnífico juego de texturas que el compositor vuelca en su partitura. Por el contrario, las cuerdas de la OCG sonaron homogéneas y bien empastadas, recreando el ambiente camerístico propio de la pieza original. Salvador Mas dibujó cada motivo a la perfección, hilando cada línea melódica con la perfección de un bello tapiz sonoro. Particularmente destacable es la parte del primer violín, acometida en este caso por el concertino Friedeman Breuninger, que demostró su ya conocida solvencia en un alarde de dominio técnico y virtuosismo.

La segunda parte del concierto se dedicó por entero a la interpretación de la Sinfonía núm. 3 en Re mayor D 200 de Franz Schubert. Esta obra es para el autor a la vez un tributo a los clásicos y un intento de búsqueda de un lenguaje propio. Deudora de las predecesoras sinfonías de Haydn o Mozart, la partitura de muestra equilibrada y de formas bien definidas. Aún así, podemos distinguir ya en ella una de las características definitorias del estilo de Schubert: el cuidado de la melodía y la perfección en la construcción de las unidades temáticas. Deliciosa en sus inicios, la sinfonía evoluciona a través de un allegretto y un minué para concluir con fuerza y viveza en el presto final. Se ve en estos movimientos los intentos juveniles de Schubert por explorar el universo sinfónico.

La interpretación de esta sinfonía constituyó un disfrute para los sentidos y el intelecto. La belleza con que la OCG y Mas describieron sus temas hizo del todo comprensible el discurso de sus partes. El juego de diálogos entre los vientos y las cuerdas fue perfecto, y el equilibrio de todas sus partes magnífico. Hay que destacar la interpretación de Eduardo Martínez al oboe y José Luis Estellés al clarinete; sin ser partes solistas en sí, el papel de estos dos instrumentos se encuentra destacado en la partitura de Schubert, protagonismo del que ambos intérpretes dieron cuenta magistralmente. Podemos decir que, verdaderamente, Mas ofreció una lección de interpretación, descubriendo al público asistente la riqueza de un primer romanticismo que todavía tendría mucho que ofrecer a la historia de la música.

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