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El sonido de las estrellas

  • l Más información en www.nasa.gov/mission-pages/kepler/main/index.htmlEl Instituto de Astrofísica de Andalucía participa en la misión Kepler, que buscará planetas similares a la Tierra en órbita alrededor de otras estrellas a través de sus ondas 'acústicas'

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Pensar que existe vida extraterrestre puede parecer a los más escépticos absurdo. Tratar de comprobarlo gracias al sonido de las estrellas resulta más propio de la ciencia ficción. ¿Es la Tierra tan singular e irrepetible? Una ambiciosa misión en la que participa el Instituto de Astrofísica de Andalucía espera contestar con un rotundo no.

El satélite Kepler prevé encontrar decenas de planetas similares al nuestro y potencialmente habitables midiendo las variaciones de brillo de las estrellas, lo que dará información sobre los cambios que sufren las propias estrellas y la variación de brillo que sufren si pasa un planeta por delante.

Lo más curioso es que lo hará a través de las oscilaciones estelares: las ondas que viajan por el interior de las estrellas provocando su oscilación y que equivaldrían a nuestras ondas de sonido, sólo que a frecuencias no detectables por el oído humano. Cuando por una estrella (comparable para entenderlo a una enorme bola de gas) se propagan ondas acústicas -equivalentes a nuestros sonidos- ésta se mueve globalmente, variando su superficie de forma periódica, lo que influye en su luminosidad o la cantidad de luz que emite. Uno de los objetivos de Kepler será precisamente detectar esos cambios como un geólogo estudia los terremotos en la corteza terrestre.

El Instituto de Astrofísica participa desde Granada en el desarrollo de la misión de la Nasa. Una misión "excitante", asegura Andrés Moya (del IAA), porque supera a otras misiones similares como la canadiense Most o el satélite del CNES Corot, donde también participa el IAA y que está obteniendo "resultados espectaculares". Su finalidad es encontrar planetas del tamaño de la Tierra en órbita alrededor de otras estrellas.

El satélite Kepler -que será lanzado al espacio el sábado desde Florida- medirá las variaciones de brillo de 170.000 estrellas simultáneamente y de forma continua durante un periodo de tres años y medio. Equipado con un gran telescopio -con un espejo de 95 cm de diámetro-, será capaz no sólo de buscar planetas similares a la Tierra sino que proporcionará nuevas ideas sobre las propias estrellas.

¿Cuáles son los indicios? "El principal es que ya hemos visto que existen. Desde tierra se han descubierto unos 300", cuenta Moya. El problema es que todos ellos son gigantes gaseosos como Júpiter o Saturno por lo que la posibilidad de que exista vida en ellos es nula. Gracias al satélite Corot se están descubriendo planetas cada vez menores y, por tanto, más parecidos a la Tierra, "pero seguimos teniendo un déficit de precisión en las observaciones para ver otras tierras potencialmente habitables". Kepler sería un salto enorme en ese sentido.

El otro dato que hace pensar a los científicos que estos planetas existen es que la Tierra no es tan especial. "Pensamos que nuestro Sistema Solar no es algo aislado y singular en el Universo. Más bien al contrario, es un caso habitual, y todos los descubrimientos que hemos hecho hasta ahora sólo han corroborado esto".

Kepler buscará vida más allá -al menos, será fundamental para que otras misiones lo hagan-. Primero proporcionará un censo de este tipo de planetas: saber si existen, numerarlos y localizarlos en un punto concreto del espacio. Y una vez conocidos los candidatos, se buscará si albergan o no vida. Corot encontró hace unos días un planeta con un radio dos veces y medio mayor que la Tierra, pero está tan cerca de su estrella que se calcula que puede tener una temperatura de más de 1.000 grados.

El interior de las estrellas

"La fauna de interiores estelares", explica Moya, "es muy diversa; tanto como las estrellas. La mayoría brillan porque en su su núcleo se están produciendo una gran cantidad de reacciones nucleares de fusión que son las que liberan esa cantidad enorme de energía que vemos". La mayor parte de una estrella, por tanto, sufre movimientos turbulentos del material que las componen -mayoritariamente hidrógeno y helio- lo que hace que "las estrellas sean de todo menos algo quieto y en paz. Además, todas rotan y poseen campos magnéticos aunque éstos varían mucho de una estrella a otra".

La idea de Kepler es muy parecida a la del estudio de un geólogo. Cuando hay un terremoto, la tierra vibra y se propagan ondas por todas partes. Moya lo ejemplifica con un terremoto en Granada. "Las ondas llegan con más o menos intensidad a todo el mundo". Con aparatos muy precisos se pueden observar estas vibraciones en California, Japón o Italia. "Viendo cómo ha llegado la onda allí podemos obtener información de cómo ha sido el camino que ha recorrido, y así hemos sido capaces de obtener un mapa del interior terrestre (sin que nadie haya estado aún ahí dentro). Nosotros hacemos lo mismo, con la diferencia de que esas ondas que se propagan por la estrella, al tener una superficie gaseosa y no sólida como aquí, lo que provocan son oscilaciones de esa superficie (y de la estrella completa), dando unas variaciones de brillo que son las que detectamos".

El IAA ha trabajado activamente en la puesta a punto de herramientas informáticas (simulación numérica) que "utilizaremos para la interpretación de los datos que nos dé el satélite. Nuestro grupo es especialista -explica Moya- en la simulación numérica de estrellas, lo que permite conocer con precisión la estructura interna y los parámetros generales de las estrellas (masa, radio...)". Por lo tanto, el IAA será fundamental para saber cómo están hechas las estrellas por dentro y las características de los planetas que Kepler descubra.

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