"En teatro, el tiempo pasa de una forma distinta y lo que ocurre es algo vivo"

  • El actor accitano, miembro de la compañía Histrión, cumple veinticinco años en los escenarios y sigue con las mismas ilusiones y la misma pasión que le puso a su carrera desde el comienzo

Apenas adolescente Enrique Torres ya estaba ligado al teatro en su ciudad natal, Guadix. No sólo como actor, sino como autor. Palato ha muerto, ¡viva Palato! fue el primero de sus quince títulos. Porque, en plena madurez, Enrique Torres, no deja de estar vinculado a la escritura. Pero, sobre todo, a la actuación.

-¿Cómo fueron sus primeros pasos en el teatro?

-Llevo en el teatro con carácter, digamos, profesional, desde hace veinticinco años. Estudiaba Historia en Granada y conocí por medio de un taller de teatro de los que imparte la Diputación a un miembro de Teatro para un Instante que me propuso trabajar con ellos. Ahí trabajé con directores importantes, como Julio Castro Novo o el argentino Alfredo Mantovani. Posteriormente estuve en otros grupos granadinos de teatro de calle alternando todo lo que se podía hacer, porque en teatro hay que estar dispuesto y preparado para hacer diversas cosas.

-¿Estuvo únicamente ligado al teatro hasta que llegó el salto cualitativo que supuso su entrada en Histrión?

-No. Estuve un tiempo haciendo guiones para Canal Sur y para una productora malagueña que trabajaba para muchas televisiones locales de Andalucía. Y presentando aquí además un programa, Delirium tremens, un magacín muy dinámico y divertido del que llegamos a grabar más de ochenta. En otro orden de cosas, hice la presentación del festival internacional de blues de Antequera. Sin dejar de actuar, porque colaboré en las series de Canal Sur Arrayán y Plaza alta. En este medio también he participado en la serie Mediterráneo de Tele5 y otra de Antena3. Todo esto antes de recalar en Histrión, donde llevo unos diez años.

-¿En qué se ocupan actualmente en Histrión?

-El verano pasado tuvimos en Histrión la oportunidad extraordinaria de trabajar en Buenos Aires con textos y bajo la dirección de Daniel Veronese. Éste es nuestro último trabajo.

-¿Lo compagina todo con su labor docente?

-Sí. Llevo como diez años organizando talleres de teatro para la Diputación provincial. Pero también trabajo con asociaciones particulares, como es el caso de Barataria, aquí en Guadix. Y en mayo estrené una obra con un grupo de teatro de la Universidad de Granada.

-¿Es la escenografía una característica de su teatro?

-A veces es la falta acuciante de medios y de espacio lo que determina la puesta en escena. La escenografía no sólo debe cumplir una función plástica.

-¿Qué tal la experiencia de romper con el esquema "planteamiento, nudo y desenlace" en 'La penúltima cena', una de sus últimas obras?

-En esta obra me planteé hacer un trabajo distinto al que había hecho. Quería mostrarles que el teatro, como las artes plásticas, no tiene que ser necesariamente figurativo y racional. Ciertamente el teatro va más despacio en ese sentido. Pero es posible hacer del espectador el sujeto activo de una representación. No las teníamos todas con nosotros, porque el público no está acostumbrado a este tipo de propuestas y suele ser un poco reacio. Pero creo que funcionó. La gente es más lista de lo que pensamos. Otra cosa es que les guste o no, pero eso es otro cantar.

-¿Qué papel juegan los sentimientos en su teatro?

-Depende del fondo de la obra, de si es una comedia, una tragedia o un drama es más o menos necesario adentrarse en los sentimientos de los personajes. Para construirlos y perfilarlos de la manera más rigurosa posible.

-¿Influye su labor docente en su faceta de dramaturgo?

-Y mucho además, porque lo que escribo son encargos que yo mismo me hago. Las obras están destinadas a poder acoplarse a un grupo humano que ya existe. Los personajes muchas veces los construyo pensando incluso en las características del actor que los va a desarrollar, en el peso, en el tiempo que tiene, en cómo se mueve en la escena, en si va a entender o no ese personaje que va a desarrollar. Esto tiene su parte negativa y su parte positiva, porque también hay cierta servidumbre a la hora de hacer la obra dependiendo del elenco que tienes, un taller de teatro, y dependiendo incluso de los sitios donde se va a representar.

-¿Qué es una buena actuación?

-Una buena actuación es sobretodo la que vives y te coge. Esto desde el punto de vista del actor. El tiempo pasa de una forma distinta y lo que ocurre es algo vivo, algo que tiene independencia incluso de ti mismo. Pero por supuesto, cuando estás representando representas para un público. En este sentido una buena actuación se nota en cosas muy sutiles, muy difíciles de definir. Notas que el público está respirando contigo. Eso es una buena actuación, una actuación en la que, cuando acabas, sientes, como cualquier trabajador que ha hecho en esa jornada algo que le ha costado un esfuerzo y nota que ha cumplido porque también en la profesión de actor necesitas un resultado.

-¿Se siente reconocido?

-Una cosa es la fama y otra el reconocimiento profesional. Yo sí pienso que tengo un reconocimiento profesional entre mis compañeros y la gente de mi oficio. La fama es otra cuestión. Con el teatro no se consigue fama. La fama te la dan los medios.

-¿Qué piensa sobre la "memoria histórica", tema de 'Siempre la eternidad a destiempo', una de sus últimas y más exitosas obras?

-Trata en cierto sentido la "memoria histórica", de un derecho inalienable que si no está debería estar entre los derechos humanos: considerar que tus genes pretéritos son también parte de tu presente y, como tales, tienes el derecho absoluto a reivindicarlos. Creo que unas leyes pacatas y ñoñas que se forjaron durante la transición en nombre de la buena convivencia entre los españoles no son sino mentiras que quieren es ocultar un drama tremendo.

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