"No creo que el vaquero o el visón hagan el gusto por la música"

  • El Festival de Granada comienza esta noche en el Palacio de Carlos V con un programa que mantiene sus señas de identidad como la danza clásica en el Generalife o el cierre con el maestro Daniel Barenboim

-Comienza un Festival que parece ha tomado velocidad de crucero, sin grandes sorpresas pero con una línea muy definida...

-Sí, tanto en la temática como en los espacios y la presencia de los artistas. Hay contenidos que tienen que ver con las propias raíces históricas y culturales del Festival, como en la recuperación de obras de una forma contemporánea pero vinculándolas a nuestro tiempo. Esta programación es una manera de dar contenido al Festival, pero es indudable que hay más.

-Los estrenos y los encargos directos del Festival son donde un programador puede marcar de manera más indeleble su sello. ¿Hay que hacer encaje de bolillos con el presupuesto limitado con el que cuenta?

-Hay que adecuarse siempre a la realidad presupuestaria. Se pueden hacer incluso las mismas cosas pero de otra manera. Dentro de los estrenos están los encargos directos pero también las presentaciones nacionales de compañías o de obras que no se han presentado en España. Este es el equilibrio que queremos mantener entre grandes obras de repertorio y grandes piezas del siglo XX y contemporáneas.

-El primer encargo que se podrá ver es la obra de Uri Caine Ensemble con Carmen Linares y Celia Mur.

-Es un encargo sobre los desastres de la guerra, pero es una reflexión contemporánea sobre algo que trágicamente es recurrente en el ser humano, aunque la fuente de inspiración es el ciclo de los Desastres de la guerra de Goya.

-¿Cuánto tiempo se toma para elegir y definir los encargos?

-Los encargos para 2009 ya están hechos y los autores ya están trabajando para el próximo festival. También estamos perfilando 2010, incluso 2011, cuando se celebrará el 60 aniversario del Festival.

-¿Cómo calificaría el programa de este año?

-El programa está sobre la base de la Declaración sobre Diálogo Intercultural, pero no queremos ser pretenciosos. No queremos un Festival en función de ejemplificar el diálogo intercultural, sino que el Festival va cumpliendo de manera natural los elementos básicos que definen este diálogo.

-¿Se ha quitado ya el Festival el sambenito de encuentro elitista?

-Eso son problemas mentales, de actitud. El elitismo es una cosa que, como todo, está en transformación. Lo que es cierto, a todos salta a la vista, es que la sociedad del 2008 no tiene nada que ver con la de los cincuenta.

-Pero en los ochenta se veían más vaqueros en el patio de butacas...

-Yo no creo que el vaquero o el visón hagan el gusto por la música. Es una cuestión de formación y de interés. Por un lado, ahora es más fácil acceder a la información, pero hace falta el esfuerzo del público para conocer cosas nuevas, para abrirse.

-Parece que el público sí está cada vez más educado en la música y, por ejemplo, aplaude a tiempo en los recitales sinfónicos en el Carlos V.

-También es consecuencia de una evolución. Antiguamente, en las sociedades más refinadas y más aristocráticas, la sociedad en la que nace la ópera, ese público era el más maleducado con el artista porque no atendían al escenario ni a las arias y el teatro era un centro de negocio y de contacto social. La música era un marco en el que se producía una conversación elitista. Ahora se ha progresado, el escenario es el protagonista. También es verdad que hay momentos en el que el espectador se arranca a aplaudir porque no puede reprimir su emoción, pero se trata de llegar a un punto en el que se pueda apreciar la obra.

-Otro clásico en el Festival es la presencia de Víctor Ullate. ¿Vendrá mientras él quiera?

-Víctor viene además en el veinte aniversario de su compañía. Es uno de los coreógrafos que más empeño han puesto en sostener una compañía clásica y neoclásica compuesta por estupendos bailarines. Es el mérito de Ullate.

-Precisamente uno de los grandes momentos del pasado festival fue la 'Coppelia' de Ullate y Eduardo Lao...

-Sin duda, y el espectáculo de esta año basado en Beethoven es una preciosidad. Viene bien rodado y el día antes de actuar en Granada lo hacen en la Expo de Zaragoza.

-¿La presencia de nuevo de Malakhov responde a las raíces más profundas del Festival?

-Es la gran tradición clásica, como traer a Flaubert. El Generalife es uno de los mejores escenarios del mundo para la danza clásica. Además, es algo que está incrustado, que pasa de generación en generación. Yo no pienso sacar la literatura clásica de mi biblioteca, igual que en mi proyecto de festival está presente la danza clásica. Ahora, yo conozco festivales plenamente contemporáneos que me fascinan por completo, y sé que hay muchas cosas que no podría poner en Granada porque no hay un ritmo normal de programación durante el año. Al Festival se le pide todo: ópera, grandes orquestas, danza... Pero durante el año, ¿cuánta danza de este nivel se ve en la ciudad?

-En este punto entra el futuro Espacio Escénico. ¿No perdería el Festival parte de sus raíces al programar espectáculos fuera del recinto monumental de la Alhambra?

-Se va a compatibilizar. Es incuestionable que el Festival es música, danza y la Alhambra. Pero el Espacio Escénico nos va a proporcionar óperas con todo su montaje. Está claro que suben los costos, pero más vale el traspaso de Guti. El traspaso de un jugador es más caro que el presupuesto de diez años de la Filarmónica de Berlín. Pero en el caso de la danza, el Generalife es un entorno maravilloso. Pero luego hay compañías con una estructura tan compleja que hay que desecharlas por no contar con un gran teatro. El Espacio Escénico será complementario. Si quieres ver una gran ópera, en duración incluso, hay que tener en cuenta que en el Carlos V estamos empezando a las diez de la noche porque antes hay demasiada luz natural, y terminamos pasadas las una de la madrugada.

-¿Hay perspectivas de arreglar de una vez el foso del Auditorio del Generalife para que los orquestas puedan acompañar los espectáculos de danza?

-Creo que hay unas medidas previstas para subsanar estos problemas. Nuestra intención es poner orquestas en el foso, pero no todos los ballets pueden estar sonorizados porque algunos traen música irreproducible en directo. Pero el Patronato de la Alhambra tiene una total predisposición. Además, tras la reinauguración, el Generalife tiene el mismo aspecto de hace 50 años.

-¿Tener a Eva Yerbabuena en el Generalife es un acto de justicia?

-Es una de las artistas con lenguaje propio, que se aleja de conceptos cercanos al gran público. Además celebra sus diez años de compañía y vamos a disfrutar de ella y de sus amigos. Hay que tener una línea y mostrar el abanico de creadores. En la danza y el flamenco hay un momento estupendo.

-¿Cerrar con Bruckner es decisión directa del maestro Barenboim?

-Claro. Las tres sinfonías son tres monumentos sonoros que llegan por primera vez a España con la Staatskapelle de Berlin, haciendo una integral que es muy infrecuente. Es un proyecto muy importante que el público ha entendido desde el primer momento con el ritmo de la venta de entradas. Pero quiero insistir en el espectáculo de Cullberg, una compañía que celebra además su cincuenta aniversario y está en un momento increíble. Para ver de nuevo a esta compañía en Granada y en España deberá pasar el tiempo.

-El pasado año aportó usted un dato: de no estar subvencionado el Festival, muchas de las actuaciones tendrían para el espectador un precio superior a los 100 euros.

-Incluso bastante más. Es la estructura que hay en nuestro país con una gran presencia de las administraciones, en este tipo de espectáculos acaban reduciendo el precio de la localidad. La idea en el futuro es que, con la idea del mecenazgo, se pueda aumentar la aportación de los patrocinadores, algo habitual en muchos sitios, pero es una ley en la que creo que no se está trabajando en la actualidad.

-En cuanto al FEX, para muchos se está convirtiendo en el principal atractivo del Festival.

-El Festival de Granada demuestra su contemporaneidad en cómo se articula con el lenguaje en la Alhambra, en la ciudad y en los cursos de formación. Tenemos una estructura de ciudad que nos permite hacer esto, cosa que otros festivales, incluso de mayor presupuesto, no pueden permitirse. No es que el Festival tenga un programa más cerrado en la Alhambra y otro más abierto en la ciudad con el FEX. Es lo mismo.

-¿Cómo encaja el tema de presupuestos? ¿Cómo se regatea a esos niveles?

-Hay que negociar. También conocemos perfectamente los precios del mercado. Luego está la negociación intentando traer los espectáculos en las mejores condiciones posibles.

-¿Hay una gran diferencia entre el primer boceto de festival y el que finalmente consigue cerrar?

-Hay cosas que se nos caen totalmente. Este año sobrepasamos más de 100.000 euros sobre la base presupuestaria. A partir de ahí hay que ajustar. Hay elementos fijos y una programación fluctuante que hasta que no se definen los ingresos no podemos seleccionar. Es el momento más duro, porque te dejas espectáculos fuera que son maravillosos. Este año ha habido una compañía de danza y algunos solistas y orquestas que hemos tenido que dejar en el camino.

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