La escuela rural aprueba el curso

  • En la provincia de Granada hay 45 colegios públicos rurales que, a pesar de la despoblación del campo y de la baja natalidad, aventajan a los centros de la ciudad en calificaciones y en el ratio de alumnos por clase

Cuando los colegios de la provincia están celebrando sus fiestas de fin de curso entre el pasado viernes y el lunes, llega el momento de hacer balance. También en los colegios rurales, que han sufrido a lo largo de su historia una serie de altos y bajos y se ha temido incluso por su desaparición. En la evaluación de junio de 2009, suben de nota en algunos aspectos como en el número de alumnos adecuado por clase o el aprendizaje por contagio y, en conjunto, los niños aventajan en calificaciones a los de las escuelas de ciudad.

Los colegios rurales se caracterizan por su escaso número de alumnos (se necesita un mínimo de cinco para que permanezcan con las puertas abiertas) y porque imparten principalmente Infantil y Primaria. Los de pueblos cercanos se agrupan para formar un conjunto educativo y así compartir recursos y profesores. Un Colegio Rural Agrupado es un centro que tiene sus aulas repartidas entre varias localidades (habitualmente, dos o tres), mientras que una de sus sedes se encarga de la gestión y de la administración.

En la provincia de Granada hay 45 CPR (Colegios Públicos Rurales), con 97 sedes. Las escuelas rurales son las que no han podido agruparse y están situadas cada una en una localidad y los CPR son los formados por la agrupación de varias escuelas unitarias e incompletas, que era como se denominaban antiguamente.

El CPR Los castaños, de Ventas de Zafarraya, imparte educación infantil y primaria, así como 1º y 2º de secundaria. Unos 200 alumnos están matriculados en el centro, al que está agrupado el de la pedanía de El Almendral, donde hay tres grupos de 7, 11 y 13 niños. El bajo número de alumnos por grupo permite una formación personalizada para los alumnos, aunque exige un mayor nivel de preparación de las clases diarias por parte de los profesores. Aunque "cuando se le pilla el tranquillo, no cuesta tanto", comenta una de las maestras.

El Colegio Público Rural Valle Verde es una agrupación de los tres colegios de las localidades de Jete, Otívar y Lentejí. Este centro agrupado se creó el 1 de septiembre de 1999. Lo componen 23 profesores y unos 250 alumnos de 3 a 16 años, de los ciclos de Educación Infantil, Primaria y Primer Ciclo de Educación Secundaria. Los alumnos de Secundaria se desplazan desde Lentejí a Otívar en transporte escolar.

La distancia entre las poblaciones no es muy grande, ni tampoco hasta Almuñécar, hacia donde otros niños se desplazan cada día porque sus padres han optado por un colegio 'urbano' para su formación. Sin embargo, desde el colegio destacan que al menos en cuanto a instalaciones no tienen nada que envidiar a los centros de ciudad, ya que disponen de todos los servicios en nuevas tecnologías e instalaciones precisas.

"A pesar de sus reducidas dimensiones contamos con un pequeño laboratorio, una aceptable biblioteca que hace también las veces de aula de Informática y un aula de Tecnología. Uno de nuestros objetivos fundamentales es acercar la cultura al medio rural y es por ello que nos hemos embarcado en este proyecto de Nuevas Tecnologías", aseguran los profesores.

El hecho de que los grupos estén diseminados ha obligado al nacimiento del profesor 'itinerante', que tiene el inconveniente de que a los kilómetros que a veces tiene que recorrer (puesto que normalmente no reside en la misma población), se suman los de los desplazamientos diarios. Hay quejas en este sentido entre el profesorado, que tilda de "míseras" las dietas por kilometraje y pide una flota de vehículos por parte de la administración para hacer frente a esta situación peculiar de los colegios rurales.

A pesar de que las escuelas rurales siempre han sido consideradas como las 'parientes pobres' de la educación, en los últimos años gozan de buena salud. A pesar de la mejora en las comunicaciones, la despoblación del campo y el bajo índice de natalidad de los últimos años, los colegios rurales han sobrevivido. Y actualmente no sólo han recuperado su prestigio, sino que se ha registrado una vuelta a la vida tradicional en el campo en zonas como la Alpujarra o el Valle del Río Verde, donde se han instalado familias extranjeras que garantizan la supervivencia de estos centros para los próximos años.

Se cierran prácticamente los mismos centros que se abren. En Andalucía estudian 15.600 alumnos en estos centros y 100.000 en toda España, por lo que no hay indicios de su desaparición, de momento.

Además, según un estudio de Antonio Bustos, director del colegio Juan Ramón Jiménez, de Santa Cruz del Comercio, los niños registran unas calificaciones más altas que sus compañeros de centros de ciudad, aprenden por "contagio", ya que existe la denominada aula multigrado, con alumnos que pertenecen a distintos niveles, en los que los mayores repasan conocimientos y los menores los adelantan. En estos centros, además, no se oye ni hablar de bulling o casos de violencia tanto entre alumnos como con profesores.

La ratio de unos 15 alumnos por profesor también hace que la enseñanza sea más personalizada y que el maestro pueda dedicar más tiempo a cada uno de los chavales.

Por todo lo cual, los colegios rurales parecen haber aprobado con nota durante este curso escolar, aunque aún existen asignaturas pendientes, como la falta de formación adecuada de los profesores o las carencias del medio rural donde se ubican estos centros educativos.

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