El Albaicín enamora

  • Jueves Santo brillante con imponentes cortejos, complicadas salidas por las estrechas puertas de los templos y un barrio volcado con sus hermandades

Jueves Santo. Día del amor fraterno. La jornada festiva que se vivió en Granada y también en buena parte de España animó el ambiente en la ciudad, con varios miles de personas dispuestas a disfrutar de las hermandades que realizaron estación de penitencia: Concepción, Salesianos, Aurora, Estrella y Silencio. Traspasado ya el ecuador de esta Semana Santa, el barrio del Albaicín copó el protagonismo del día. Plaza Nueva, la Carrera del Darro, la Cuesta de San Gregorio o Plaza Larga fueron algunos de los puntos de mayor concentración de público, que no quisieron perder detalle de la puesta de largo de las cofradías en torno a los marcos singulares que ofrece la ciudad de Granada en estos días.

Sin las temperaturas de estos días atrás, la jornada empezó a media tarde desde el Convento de la Concepción. El nazareno de túnica blanca, obra de Miguel Zúñiga, cautivó el corazón de sus hermanos en los primeros compases de la estación de penitencia; con la imagen enmarcada bajo los perfiles arquitectónicos de la Alhambra. Largos tramos de nazarenos de negro enlutado y altos capirotes bañaron las inmediaciones del maristán y del Callejón de Zafra. La solemnidad puesta al servicio de la hermandad, quien mantuvo el recogimiento sin perder parte de su esencia; demostrando cómo la nueva línea estética y espiritual de la cofradía germina con los mejores frutos posibles.

La alerta de seguridad provocó que el Silencio no hiciera todo el recorrido a oscuras

Desde la avenida Félix Rodríguez de la Fuente, en el barrio del Zaidín - contrapunto en la jornada -, inició su estación de penitencia la hermandad de Los Salesianos. Puso en las calles la cofradía el poderoso barco de caoba de Guzmán Bejarano, un deleite para los sentidos, especialmente desde que acompaña al andar del Cristo de la Redención la banda de cornetas y tambores ciudadrealeña del Cristo de la Elevación. Con las delicadas formas del rostrillo y el rostro dulce de la Virgen de la Salud, Granada quedó cautivada. Generosas esquinas, vergel de flores para exornar este paso de palio; que, como siempre, estuvo marcado por su personalidad.

A los gritos de "¡Aurora, guapa!" el Albaicín vibró. El palio blanco de la Virgen de la Aurora - tal y como es tradición - sedujo a propios y foráneos. Miles de personas agolpadas a lo largo del recorrido, disfrutando de los atractivos que ofrece esta hermandad en las calles. Los Grifos de San José, Cuesta de San Gregorio o Plaza Nueva fueron solo algunos de los momentos imborrables que dejó la hermandad en las retinas de los cofrades; juntamente con el espectacular cortejo que, un año más, dio muestra de la popularidad y fidelidad de los miembros de la cofradía.

Sensacional impronta dejó también la cofradía de La Estrella. La conclusión del dorado del pasos de Nuestro Padre Jesús de la Pasión mostraron cómo la hermandad avanza a pasos agigantados. El valiente andar del nazareno de Dubé de Luque, su especial sintonía con la agrupación propia de la hermandad, y la emocionante recogía desde la Cuesta de la Alhacaba hicieron las delicias de quienes vivieron los últimos compases de la estación de penitencia de la hermandad. Rebosante, soberbia, espectacular la Virgen de la Estrella. Los pupilos de Andrés García Palacio hicieron justicia a las palabras del pregón del padre Enrique Iniesta cuando hablaba "de todas las primaveras juntas", "de la gracia y el meneo". La máquina de la belleza puesta a funcionar como nunca.

Y a la medianoche, toda Granada en silencio. La misericordia de Dios reflejada en la dulce muerte del crucificado de José de Mora. Fieles a la cita, los granadinos se echaron a la calle para disfrutar del imponente cortejo de la cofradía aunque, como novedad, sin todo el itinerario a oscuras. La alerta de seguridad a la que apelaba la Subdelegación del Gobierno obligó a que el Ayuntamiento atenuara la luz en el recorrido para, al menos, no fallar a la tradición. Y es que se pudo disfrutar, con la estampa de siempre, la salida de la hermandad a las doce de la noche, con toda la Carrera del Darro a oscuras hasta la Plaza Nueva.

La ciudad se colapsó de tal manera que el Plan Parihuela tuvo que ensanchar los pasillos de la Carrera Oficial para agilizar el discurrir de los peatones.

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