Las campanas de barro cierran una Semana Santa casi perfecta

  • Las nubes respetan la mañana, en la que los más pequeños fueron los protagonistas

La Muy Antigua Archicofradía del Dulce Nombre de Jesús y Primitiva y Real Hermandad y Cofradía de Nazarenos de la Santa Vera Cruz y María Santísima del Valle cerró ayer el programa de una Semana Santa motrileña, en la que todas las cofradías se echaron a la calle. Aunque si bien es cierto que la del Cristo de la Salud tuvo que retrasar el miércoles su salida en media hora y modificar su recorrido y la de La borriquita del Domingo de Ramos tuvo que recogerse a la media hora de salir.

En una mañana con el cielo encapotado de nubes oscuras que incluso amenazaban lluvia, ésta respetó y se pudo completar todo el recorrido procesional para que los más pequeños pudieran disfrutar en familia de la mañana de Resurrección.

Minutos antes de las doce del mediodía, se congregaron en la Plaza de España centenares de niños acompañados de sus padres, con la clásica campanilla de barro en las manos para contemplar la salida del Niño Jesús de la Iglesia de la Encarnación.

A la hora fijada se abrió el portón trasero de la Colegiata de Motril para que una veintena de pequeños costaleros sacara el paso en trabajadera de tipo sevillano. Algunos incluso con el chupete y de la mano de sus madres acompañaron a la tierna imagen del Niño Jesús, que parecía extender sus brazos a la multitud que lo aclamaba. La talla, que data de 1992, es obra del cordobés Miguel Ángel González Jurado. En este año la imagen vestía una túnica blanca, mientras centenares de niños agitaban la campana.

El paso del Misterio realizado en madera de cedro tallada y sobredorada artesanalmente se compone de una peana en forma de carrete y cuatro candelabros de cinco luces cada uno, que también fue transportada por jóvenes costaleros que cumplieron con mérito su labor en este Domingo de Resurrección.

Decenas de familias se quisieron sumar a la Estación de Penitencia, uniéndose a la comitiva tras la Cruz de Guía. Muchos de ellos de las manos de sus progenitores y otros en el carrito, pues aún por su corta edad no podían andar. La marea humana se confundía con el público congregado que esperaba el paso en las aceras.

Después de recorrer las calles más céntricas de la ciudad, el paso subió las escaleras de acceso a la Iglesia Mayor y enfiló la pendiente que da acceso al portón, donde las pequeños costaleros bailaron el trono en idas y venidas que arrancaron el aplauso de los allí congregados. Minutos antes de las dos, a los sones del himno nacional interpretado por la Banda de Música San juan Bautista de Nigüelas-Lecrín, se encerró en la parroquia, con lo que se dio así por clausurada la Semana Santa de Motril, menos lluviosa que los últimos años.

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