Deifontes, Fuentes de Dios

  • La referencia más antigua sobre este municipio data de 1038 al desarrollarse la batalladel puente Alfunt entre el rey Zuhayr de la Taifa de Almería y el rey Badis de Granada

Deifontes está situado en el margen izquierdo del río Cubillas, en el límite de los Montes Orientales con la Vega de Granada. Su entramado urbano mantiene el sabor a pueblo, de casas bajas y sin edificios modernos. El edificio más emblemático es la Casa Palacio de los Condes de Antillón y posteriormente de los Marqueses de Casablanca, donde se ubica el actual Ayuntamiento. En compañía de Francisco Abril, alcalde de la villa, fui conociendo la historia y lugares de interés de este precioso lugar al pie de Sierra Arana.

Es su nombre -Deifontes- un sinónimo de la grandeza de sus aguas: Fuentes de Dios. Fueron los romanos en su paso por la historia donde erigieron un templo al Dios Fontus, deidad de las fuentes, manantiales y pozos. En la llamada Venta del Nacimiento existen restos de columnas romanas donde se cree que se ubicó el templo.

La referencia más antigua sobre Deifontes data de 1038 al desarrollarse la batalla del puente Alfunt entre el rey Zuhayr de la Taifa de Almería y el rey Badis de Granada. En las filas granadinas había un notable judío militar y poeta llamado Samuel Ibn Negrella, quien escribió en hebreo la batalla del 3 de agosto de 1038: Más Dios, para su caída, tenía preparado desde antiguo en la ciudad del manantial una tumba excavada.

Tras la Reconquista llevada a cabo por los Reyes Católicos, el pueblo fue cedido a la Abadía del Sacromonte de Granada, cuyo escudo, una estrella de seis puntas formada por dos triángulos equiláteros superpuestos, sería entonces adoptado como propio de la villa.

Cerca del Ayuntamiento está la Iglesia de San Martín, de estilo mudéjar y construida por Ambrosio Vico en el año 1642. Subiendo a la parte superior del pueblo se encuentra La Atalaya, situada en el límite entre Cogollos y Deifontes. Es una construcción árabe en buen estado de conservación y desde la que se puede observar una bella panorámica del entorno.

El paraje más emblemático de esta villa corresponde a un lugar paradisíaco donde el agua es el gran protagonista denominado El Nacimiento. Su ubicación se sitúa en el Camino Real de Granada, y está flanqueado por la Venta del mismo nombre y la pequeña Ermita de San Isidro. Se trata de un espacio natural de extraordinaria belleza acondicionado para el disfrute de toda la familia.

Entre matorrales y zarzas pude ver unas hermosas columnas de estilo romano en el interior de la Venta del Nacimiento en un estado de semiderrumbe. Me suscitó curiosidad y pregunté al Alcalde por aquellas columnas. Me relató que, en la antigüedad, los romanos hicieron algunas obras hidráulicas en el río como la Presa Romana de Barcinas. También se cree que se construyó un pequeño templete dedicado al Dios del Agua.

El municipio celebra sus fiestas el 15 en agosto en honor al Santísimo Cristo de la Vera Cruz y la Virgen del Milagro, celebrando además el 15 de mayo la Romería de San Isidro.

Cuenta la leyenda que el mejor caballo del entorno lo poseía el legionario Lucio, un emeriti (jubilado) de las legiones de Augusto que se estableció en un lugar cercano a Deifontes, a mil pasos de la recién presa construida en el río Cubillas. Se jactaba de tener el equino más rápido de la comarca triunfador de toda carrera que hacía en la comarca. De esta manera Volucer, como se llamaba el equino, era envidiado por todos los grandes ganaderos del Imperio pero a Lucio no le importaba. Tenía claro que a su caballo lo habían tocado los dioses del Olimpo.

Una mañana se dejó caer por su hacienda un mensajero del Magistrado de Acci (Guadix), invitándole a unos juegos organizados por el cónsul de la Bética. En ellos habría luchas de gladiadores, juegos teatrales y carreras de caballos en el Gran Circo. A Lucio le encantó la idea de poder demostrar la valía de su caballo y tal vez, si los dioses le fueran favorables, podría hacer negocios en una ciudad tan próspera como Julia Gemella Acci.

Entrenó a Volucer durante la semana anterior al evento con tanto esmero que cuando llegó a Acci, los encargados de preparar las carreras sintieron envidia del hermoso ejemplar equino que se había presentado. Y es que estaban acostumbrados a caballos bajos y fuertes como Asturcón, no más alto de un metro y cuarenta centímetros, mientras Volucer superaba el metro sesenta desde el suelo a la grupa.

Los juegos comenzaron y, como estaba previsto, el caballo de Lucio fue ganador en todas las carreras en las que participó, haciendo que el nuevo Cónsul, muy amante de los caballos, sintiera curiosidad por aquel equino.

Cuando terminaron los juegos, fue el propio Cónsul quien se acercó a Lucio para hacerle una proposición económica muy abultada con el fin de comprar su Volucer, negándose tajantemente. Cuestión que no fue bien recibida por quien estaba acostumbrado a que se cumplieran sus más ínfimos deseos. Así pues, en forma de velada amenaza advirtió que era bueno para su salud que aceptara la oferta de compra.

-Verdad es que su oferta es muy apetecible, pero mi caballo no está en venta. Para mí es un animal muy especial y no quiero separarme de él.

Aquello no le sentó bien al Cónsul. ¡Un simple soldado jubilado no se doblegaba a sus deseos! Menos podía imaginar Lucio que al regreso a su hacienda junto al río Cubillas, una cuadrilla de mercenarios pagados por el Cónsul iban a asaltarlo para quitarle el caballo y, de paso, dejarlo como un colador para que no denunciara el hecho a las autoridades. Pero fue su instinto de soldado viejo el que hizo que se percatara de la emboscada y, con la destreza de un felino acorralado, a lomos de su Volucer se defendió y atacó como un tifón, dejando perplejos a los asesinos que no sabían que el emérito perteneció a la guardia pretoriana especialmente entrenada para defender al Emperador. Tres cayeron fulminados por su gladius de doble filo. Sólo el cuarto quedó en pie y a sabiendas de su desventaja, montado en su caballo, atacó directamente al equino en la barriga dejando parte de los intestinos al descubierto. Esto enfureció a Lucio que de un tajo hizo rodar la cabeza del asesino por los suelos.

Volucer estaba herido de muerte y su desconsolado jinete sólo pudo sujetar las tripas como pudo dentro de la barriga del pobre animal, vendándosela con su capa hasta llegar a la hacienda.

Una vez allí, el animal se fue con paso penoso e irregular hacia los manantiales de aguas cristalinas que un poco más abajo de la presa Romana fluía de la tierra. Lucio lo siguió con el corazón encogido y lágrimas en los ojos. Cuando llegaron al nacimiento del río, Volucer se echó sobre la fresca hierba a esperar su muerte y Lucio, a su lado, no paraba de acariciarle el cuello y con voz quebrada le decía palabras de consuelo.

-Ánimo viejo amigo, pronto estarás con los dioses correteando por el monte Olimpo.

La voz potente de un hombre le hizo sobresaltarse y de nuevo coger su gladius.

-¿Qué haces en mi manantial?, dijo un viejo con barbas blancas como la nieve y bastón en mano.

-¡Darle de beber a mi caballo que se está muriendo!

-¿Aprecias mucho a ese animal?

-Más que a muchos hombres que se pretenden llamar humanos.

El viejo lo miró con compasión y acercándose a él, lo cogió del brazo y le dijo: "Deja que el animal beba cuánta agua necesite y después báñalo en el manantial como solías hacer cuando era un potrillo".

-¿Cómo sabes que venía aquí y lo que hacía?

-Te lo he dicho antes. Soy el dueño del manantial y sé lo que ocurre en él.

-¿Cómo te llamas?

-Fontus, Dios de las fuentes, manantiales y pozos.

De repente, el caballo se puso de pie marchando con paso cansino hacia el nacimiento que tintó de rojo.

Cuando Lucio se volvió a mirar al viejo, vio el bastón clavado en la hierba y pudo observar a su apreciado caballo Volucer saliendo del manantial y acercándose a él le empujó con el hocico que lo arrastró a bañarse con él. Al salir de sus aguas cristalinas observó como las heridas habían sanado y no quedaban restos de ninguna herida.

Lucio, agradecido al Dios Fontus, construyó un pequeño templo de cuatro columnas justo en el lugar donde dejo clavado el bastón. Desde entonces dice la leyenda que a aquel lugar se le llamó Fuentes del Dios.

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