El Cid, Castella y Luque, dejan una desdibujada impresión en Sevilla

  • La terna debió aprovechar más y mejor las posibilidades de los de Alcurrucén

GANADERÍA: Seis de Alcurrucén, muy bien presentados. El primero, manso, con buen fondo en la muleta; dócil y sin emplearse el segundo; de gran profundidad y calidad el tercero; distraído el cuarto; sosos quinto y sexto. TOREROS: El Cid: pinchazo y estocada (ovación). Pinchazo y tendida muy defectuosa (silencio); Sebastián Castella: corta y dos descabellos (ovación tras aviso). Pinchazo y caída (silencio tras aviso). Daniel Luque, trasera (ovación). Pinchazo y estocada (silencio). Incidencias: más de media entrada.

El Cid, Castella y Luque, han mostrado una imagen gris y no lograron aprovechar las posibilidades de un encierro de Alcurrucén que brindó tres toros potables más allá del fondo manso -tan en Núñez- de un encierro variado y muy bien presentado que echó un toro de triunfo grande, el tercero, y dos ejemplares de buen fondo que debieron ser aprovechados más y mejor por una terna que llegaba con tibia hoja de servicios.

El primero de El Cid salió abanto y haciendo cosas de manso. Humillaba en el capote y aunque huía hasta de su sombra hizo concebir esperanzas. El Cid mostró sabor e intensidad en los doblones iniciales y el toro comenzó a cantar ese fondo de calidad que su matador no terminó de extraer en una faena esforzada pero falta de rendimiento. Muy encima del toro, sin terminar de cogerle el aire, sufrió una espantosa voltereta sin consecuencias graves.

Después del porrazo llegaron los muletazos más vibrantes pero ya era imposible levantar EL trasteo. El sexto, que no pasó de informalete y distraído en los primeros tercios, cogió bríos en la muleta y permitió al Cid cuajarle un puñado de muletazos más entregados que lucidos en series cortas. El de Salteras volvió a cobrar dos porrazos al montar la espada.

Castella logró sentirse y expresarse brevemente con el segundo, de escasas fuerzas que no llegó a emplearse. Pero el francés logró torearlo despaciosamente, sintiéndose en una faena corta y muy templada que quedó diluida.

Con el quinto, toro y torero se contagiaron la sosería en un trasteo largo e intrascendente al que le sobró gran parte del metraje.

No tuvo su tarde Luque. Para él fue el mejor, un tercero de enorme profundidad y gran calidad al que sólo le faltó repetir algo más. El de Gerena se perdió en una faena poco comprometida. Con el manejable y soso sexto, volvieron a sobrar las precauciones y la falta de confianza en sí mismo.

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