Exultante actuación de El Cid en Logroño, con dos orejas de peso

  • Brillan Morante de la Puebla, que pasea un trofeo de su primero, y el local Diego Urdiales, que marró con el descabello, en una buena tarde de toros y toreros

Toros. De "El Pilar", muy bien presentados, serios y con cuajo. Toros importantes, segundo y tercero; y aunque algo flojo también el sexto; el primero se movió pero sin clase; al cuarto le faltó fondo; y el quinto, el más deslucido. TOREROS: Morante de la Puebla, estocada (oreja); y cuatro pinchazos, bajonazo y descabello (silencio). Diego Urdiales, estocada y siete descabellos (gran ovación tras dos avisos); y pinchazo, estocada y dos descabellos (ovación tras dos avisos). El Cid, estocada (oreja y fuerte petición de otra); y estocada y descabello). Incidencias. En cuadrillas, Alcalareño puso un gran par al sexto, saludando montera en mano, e invitando a compartir la ovación a David Saugar. También destacó con los palos en el quinto Víctor Hugo Saugar. Tres cuartos.

Buena tarde de toros y toreros. Las tres orejas del marcador no reflejan la intensidad de la corrida. Logroño tiene una vieja aspiración para ser plaza de primera, y tardes como la de ayer son las mejores credenciales para ello.

De impecable presencia, los toros de El Pilar tuvieron mucha plaza. Corrida seria, honda y con mucho cuajo. Bien proporcionada y, definitivamente, con trapío. El juego, de lo más variado.

De los toreros, mucho y muy bueno. Morante cortó una oreja del primero por una faena de fogonazos a la que le faltó continuidad, el mismo defecto que tuvo el toro. Morante, que apechó con el peor lote, no tuvo toro en el cuarto, con la cara alta y aplomado. Hizo el intento por los dos pitones, pero sólo para dejar claro que lo que no puede ser no va con él.

Sin embargo, Morante iba a tener una actuación estelar en la tarde, en su turno de quites en el sexto, al plasmar tres chicuelinas de ensueño, de airoso, lento y ajustado vuelo de capote. Un pasaje que por si mismo daba a la tarde carácter trascendental. Pero el quite iba a tener su correspondiente réplica por parte de El Cid, que sin pensárselo se fue a plasmar dos lances y media de ahí queda eso. Finalmente se dieron la mano los dos toreros y la plaza se venía abajo en el aplauso.

Y no fue esto lo único importante del Cid, sobre quien giró la importancia de la función tomando como referencia su vibrante faena a su primero, bravo como pocos, y en consecuencia muy exigente. Lo importante del Cid es que estuvo exacto de principio a fin, desde los majestuosos lances a la verónica en el saludo hasta la estocada, todo muy despacio y con una enorme precisión.

Incansable el toro, repetidor, e inmaculada estética en las suertes del torero, dándole al animal sus ventajas en tiempos y espacios para que aquello resultara una lucha auténtica de poder a poder. A la faena no le faltó de nada, ni le sobró, intercalados salerosos remates entre series, cambios por delante, trincheras, de pecho y hasta un airoso desplante. No se entiende que el presidente se cerrara en banda para no dar la segunda oreja.

Y en el sexto otro recibo a la verónica de mucha enjundia. El toro había llevado mucho con tanto toreo de capa y los dos puyazos que en Logroño son preceptivos. Pero El Cid lo administró muy bien. Faena de magisterio, de donosura en lo fundamental y en los adornos de cierre. Cortó una oreja más, dos en total. El reglamento riojano no contempla que con dos trofeos sueltos se pueda salir a hombros. El Cid había estado para más que una Puerta Grande.

Urdiales se fue de vacío tras torear con arrogancia y suficiencia a su enrazado primero. Faena a más desde una tanda por la derecha de exquisito temple y mucha ligazón. El descabello cambió a dos avisos lo que eran dos orejas. El quinto desarrolló en la muleta, complicado. Urdiales hizo una porfía larga y de poco poso.

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