Jiménez Fortes, torero de valor y expresivo, apunta buenas maneras

  • El malagueño da sendas vueltas al ruedo en la Maestranza · Manuel Fernández destaca como seguro estoqueador · Ignacio González se estrella con un mal lote.

GANADERÍA: Novillada de El Serrano, muy bien presentada y con el denominador común de la mansedumbre. TOREROS: Ignacio González, de rosa y oro. Pinchazo hondo (silencio). En el cuarto, pinchazo y casi entera (silencio tras un aviso). Manuel Fernández, de gris perla y oro. Casi entera (saludos). Estocada entera (vuelta al ruedo). Jiménez Fortes, de azul y oro. Entera (vuelta al ruedo). En el sexto, estocada y descabello (vuelta al ruedo). Incidencias: Plaza de toros de la Real Maestranza de Sevilla. Domingo 19 de junio de 2011. Media entrada, aproximadamente, en tarde calurosa.

Los carteles distribuidos por Sevilla recogían el nombre de tres incipientes toreros andaluces: el cordobés Ignacio González, el sevillano Manuel Fernández y el malagueño Jiménez Fortes, quienes ayer volvían a la Maestranza, en una tarde que resultó calurosa. La terna se enfrentó a un encierro muy bien presentado de El Serrano, pero que tuvo como característica fundamental su alto grado de mansedumbre. Sin duda, lo mejor corrió a cargo de Jiménez Fortes, un torero con valor y muy expresivo, que apunta buenas maneras.

Jiménez Fortes, ante el tercero, un ejemplar que acudía tras la capa sin humillar, lanceó ganando terreno para rematar en los medios. Actor, un negro bragado con trapío, fue a menos en su actuación, persiguiendo la muleta con cambios de ritmo y quedando cortísimo muy pronto. Jiménez, muy placeado, intentó siempre torear despacio. Hubo muletazos meritorios. Aunque por la falta de transmisión del animal, la faena no fue redonda. Lo que fue un recurso logrado en una primera serie de circulares invertidos, resultó reiterativo en otras dos tandas con la misma suerte. En el cierre se pasó los puñales del novillo muy cerca en unas bernadinas, con los pies atornillados, que además resultaron ceñidísimas. Mató de estocada entera y dio una merecida vuelta al ruedo.

El sexto fue devuelto tras flojear. En su lugar saltó un imponente sobrero de 497 kilos y llamativo pelaje melocotón. El festejo se había alargado tanto que ya era de noche. Vaya usted a saber si por ello el animal atendía por Lechuzo. El caso es que cuando la oscuridad se apoderaba del día, al bicharraco con nombre de ave rapaz no le dio por planear y hacer el avión; sino todo lo contrario, ya que no humilló lo más mínimo. Jiménez Fortes se esforzó en un trasteo que resultó correcto y que acabó con preciosos y torerísimos remates.

Ignacio González, que abrió plaza, tuvo en mala suerte un lote muy apagado. Su primero, bien presentado, largo, manseó de lo lindo. Tras la capa echó siempre las manos por delante, cabeceó en varas, buscó el abrigo de tablas en banderillas y en la muleta resultó muy tardo y distraído. El torero cordobés se entregó en una labor porfiona, pero sin frutos. El cuarto, otro novillo con trapío de toro, mal construido -cuesta arriba- resultó también manso y fue bastante complicado. González se peleó en una labor encimista, con una res que en unas ocasiones embestía bien en los dos primeros muletazos; en otras perdía las manos y en otras acometidas topaba.

Manuel Fernández, que el año pasado tan sólo sumó un par de novilladas, estuvo muy arropado por un nutrido grupo de paisanos, llegados de Dos Hermanas. El diestro, que contó con el mejor lote, destacó como seguro estoqueador. El segundo, un precioso castaño, bociblanco, era un torete bien hecho y bien encornado. El astado, aunque con grandes dosis de mansedumbre y flojedad, resultó manejable. El nazareno sacó algunos muletazos estimables, especialmente con la diestra, en un trasteo sin apenas emoción, que remató con una estocada casi entera.

El quinto, negro mulato, serio y a cinco kilos de la media tonelada, de nombre Acrobático, jugó a tal y casi se rompe el testuz en una tremenda voltereta tras el capote. Luego, resultó manejable. Fernández, tras una labor correcta, mató de certera estocada entera de la que rodó el animal sin puntilla, lo que supuso el pasaporte para una vuelta al ruedo, con las protestas de un sector de sombra.

En el plano artístico quedó la huella de Jiménez Fortes, que ya brilló en Madrid, y que atesora valor natural y muy buenas maneras; así como la seguridad estoqueadora de Manuel Fernández.

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