Manzanares, hasta el hotel a hombros pasando por la Puerta del Príncipe

  • El alicantino corta tres orejas en el mano a mano con Talavante en Sevilla

TOROS: Tres de Juan Pedro Domecq (tercero, cuarto y quinto) y tres de Núñez del Cuvillo, bien presentados. Primero y segundo prontos y bravos; el tercero se lesionó durante la lidia y se echó; buena condición cuarto y quinto y exigencias del brusco sexto. TOREROS: Manzanares, estocada recibiendo (dos orejas); puntillazo (ovación); media tendida y descabello (oreja tras aviso); Talavante, pinchazo y corta (ovación); estocada trasera y tendida (oreja); pinchazo y estocada (ovación). Incidencias: Casi lleno. Blázquez pasó a la enfermería, cogido por el primero al parear.

Manzanares se ha alzado en triunfador de la temporada sevillana. El pronunciamiento del alicantino fue una antología de su mejor tauromaquia y una demostración de entrega y arrojo que borró a su contrincante desde el primer capotazo.

Se fue a portagayola en sus dos primeros toros y lanceó al que rompió plaza a pies juntos. A partir de ahí toda la corrida fue suya. La faena a ese primero -que apretó hacia los adentros hasta alcanzar a Blázquez- evidenció que el torero, con o sin lesión de tendones, no había venido a Sevilla a pasearse. Un cambio de mano y otro de pecho terminaron de lanzar un trasteo en el que llegó a resultar cogido intentando una arrucina imposible. Las dos orejas estaban cantadas y la estocada recibiendo las materializó.

Podría haber seguido cosechando trofeos del tercero, un juampedro al que volvió a recibir en la puerta de chiqueros con una larga que cosió a un ramillete de chicuelinas en las que estuvo a punto de ser cogido. Aunque el toro amagó con pararse se entregó en dos series diestras antes de acusar alguna dolencia que le hizo echarse durante la lidia.

No importó. Manzanares salió a revienta calderas a recibir al quinto. El toreo surgió desde el primer muletazo en un trasteo creciente en el que hubo sinfonía y expresión por ambas manos pero sobre todo una sabia colocación y una muleta adelantada en todos los cites que hizo romper por completo al toro. El toreo al natural fue un prodigio y los derechazos, hilvanados con trincherazos de otra galaxia. La Puerta del Príncipe se abría de par en par.

Talavante quedó borrado a pesar del cariño del público que lo alentó en todo momento y le jaleó lo bueno y lo regular en una actuación desdibujada en la que no le faltó entrega. Pero era muy difícil navegar a la misma altura del alicantino.

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