Mamá, yo quiero ser bailarín

Street Dance 3D. Musical, Reino Unido, 2010, 98 min. Dirección: M. Giwa, D. Pasquini. Intérpretes: Charlotte Rampling, Rachel McDowall.

Hace un par semanas veíamos a la rebelde y airada protagonista proletaria de Fish Tank huyendo de su entorno hostil a través del baile solitario en pisos de protección oficial. La condición de clase poco o nada importa en esta versión tridimensional que prolonga en pantalla grande ese espíritu bailongo que parece haber contagiado a cierta juventud urbana a través de programas y concursos televisivos como Fama. El baile callejero es el protagonista absoluto, con su estética rapera, multicultural y desaliñada, en esta cinta británica cuyo único atractivo consiste, a priori, en comprobar hasta dónde puede dar de sí el 3D lejos de la fantasía, la animación, el realismo de lo imaginario o los efectos-susto del cine de terror.

Muy poca cosa, la verdad: apenas un par de efectos-lanzamiento perfectamente prescindibles y unas secuencias de baile congeladas a lo Matrix son los pobres y únicos recursos visuales que justifican el apéndice tecnológico del título. Lo demás queda reducido a un irrisorio argumento de entrenamiento, esfuerzo, competencia y victoria que enfrenta a bailarines clásicos y callejeros para, amor y concordia mediante, acabar juntándolos en una coreografía mixta digna del campeonato del mundo. Esperemos que la gran Charlotte Rampling haya hecho buen uso del dinero que le han pagado por pasear su glorioso palmito maduro entre tanto niñato.

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