Crítica de Cine

¡Viva Honduras!

Una escena de 'Zona hostil'. Una escena de 'Zona hostil'.

Una escena de 'Zona hostil'. / D. S.

En su imparable huida hacia delante, el amnésico cine español industrial sigue haciendo tabula rasa de los géneros clásicos norteamericanos para incorporar ahora la cacharrería, el heroísmo y los valores de la disciplina militar patria a nuevas propuestas para el gran público buscando seducir con el lema del "aquí también podemos hacerlo".

Es el caso de esta por momentos risible Zona hostil, producto prefabricado entre el Ejército y los avispados productores que han entendido que podía hacerse una buena promoción (supongo que no gratuita) de nuestras Fuerzas Armadas en la forma de un filme de acción, aventuras y camaradería "basado en hechos reales" y con voluntad doble de entretener e informar de lo mucho y bueno que hace la institución tanto dentro como fuera de nuestras fronteras.

El desierto de Tabernas hace las veces del Afganistán rural, un manual de instrucciones de riesgo, defensa y primeros auxilios las veces de guión dramático, y un elenco de rostros mediáticos y televisivos el paripé (no hay personajes, tan sólo mandos y clichés a grito pelado y mucha cara de tensión) de una altisonante función humanitaria y heroica que busca enardecer el sentido de la seguridad, el orden, la disciplina y el trabajo bien hecho entre brochazos de dudoso humor cuartelero (no falta el comandante chistosillo con su acento andaluz), espíritu solidario, igualdad de género (hasta cinco mujeres pueden contarse en la operación de rescate, nada creíbles, por cierto) y la más absoluta negación del enemigo (un terrorista talibán vale lo mismo que una cabra) para filmar desde las alturas, rellenar con mucha música de acción la esclerótica puesta en escena y mostrar las últimas y punteras adquisiciones aeronáuticas y armamentísticas.

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