La complejidad política siembra dudas en la posible fusión EADS-BAE Systems

  • La unión del grupo europeo con el británico haría realidad el objetivo de un gran grupo europeo en las actividades militares y aeroespaciales, capaz de competir con los gigantes estadounidenses.

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La complejidad para hacer asumible la fusión de EADS, varias de cuyas factorías se ubican en Andalucía, con BAE Systems tanto para los gobiernos europeos implicados como para Estados Unidos siembra dudas sobre la posibilidad de formalizar este proyecto que crearía el líder mundial en el sector de la aeronáutica y de la defensa. La unión del europeo EADS, sometido al control de las autoridades alemanas y francesas -y en mucha menor medida españolas- con el británico BAE Systems -bajo la supervisión de Londres- haría realidad el objetivo tantas veces mentado en el Viejo Continente de un gran grupo europeo en las actividades militares y aeroespaciales, capaz de competir con los gigantes estadounidenses.

Pero ésa es también una de sus grandes debilidades ante las suspicacias que eso generaría en Washington que, a fin de cuentas, es de quien depende buena parte del negocio futuro de la defensa en tanto que gran potencia militar que firma los mayores contratos. El mayor interés para EADS de esta fusión confirmada el miércoles es, precisamente, incrementar el peso de las actividades militares para equilibrarlas con las civiles gracias a un BAE Systems que se ha especializado en ese terreno en los últimos años y se ha convertido en uno de los diez grandes proveedores del Pentágono.

Las autoridades estadounidenses han sido hasta ahora muy reticentes a otorgar contratos a compañías extranjeras, máxime si como EADS cuentan entre sus accionistas de control de forma más o menos indirecta a otros Estados, en concreto Francia y Alemania. Prueba de ello fue el controvertido contrato gigante de los aviones cisterna, del que finalmente fue privado EADS por el Pentágono en favor del estadounidense Boeing, en un contexto de fuertes presiones internas sobre el Gobierno estadounidense.

Esas reticencias corren el riesgo de agravarse con las que generan, en términos de competencia, la emergencia de un gigante que con una facturación anual acumulada de unos 73.000 millones de euros y de 225.000 empleados, superaría ampliamente al hasta ahora número uno, el estadounidense Boeing. Sobre todo teniendo en cuenta que EADS, a través de su filial de aviones civiles Airbus (el 70% de su negocio), viene superando desde 2002 a Boeing en su duelo particular por hacerse con los encargos -que no parecen sufrir de la crisis- de las compañías aéreas de todo el mundo.

El gigante europeo, nacido en 2000 de la concentración de las principales empresas del sector de Francia, Alemania, España y el Reino Unido (los británicos cedieron su parte en 2006), ha desarrollado sus capacidades de producción fuera de Europa, en particular con una planta de Airbus de la familia A320 en China y otra programada en Alabama, en Estados Unidos. A pocos se les escapa que el salto adelante dado por los dirigentes de EADS con las negociaciones con BAE Systems, y en particular por su presidente, el alemán Tom Enders y su responsable de la estrategia, Marwan Lahoud, es un intento para anular al máximo posible el control político al que está sometido de sus accionistas de referencia francés y alemán. Por eso hay que entender la frialdad de las reacciones desde París y Berlín, que el viernes dijeron que esperan clarificaciones de la operación para pronunciarse. Es más, desde Alemania se quiso advertir de que uno y otro país pueden abortar los planes de ambas empresas si no les convencen.

El Gobierno británico también es otro actor importante que no puede quedar al margen, teniendo en cuenta la naturaleza sensible de las actividades militares de BAE Systems, y así se ha evocado la posibilidad de que como los anteriores pudiera disponer de una "acción de oro" en el nuevo conjunto, si saliera adelante. España, que posee un 5,44% del capital de EADS a través de la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI) también puede tener algo que decir, aunque no dispone de veto como los otros dos Ejecutivos. Unos planes que habrán de concretarse de aquí al próximo 10 de octubre, que es el plazo que dan las autoridades bursátiles británicas una vez que se filtró al mercado la negociación, para formalizar la fusión o dar por fracasado el intento.

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