"África te conquista por los sentidos, por la sensualidad"

-En su último libro de viajes, Colinas que arden, lagos de fuego, regresa a África…

-Sí, es un regreso, que narra dos viajes a África, centrados en Kenia y Tanzania, que hice en 2008 y 2009.

-Tras su Trilogía de África había pasado una década.

-Dejé de escribir de África en 2000, creía que ya tenía todo dicho. Pero hicimos dos viajes con amigos, tomé notas, y me di cuenta de que eran dos grandes viajes.

-¿Puede resumirlos?

-El primero fue por el lago Turkana, en el norte de Kenia. Es un paisaje fantasmal, que se reflejó en la película El jardinero fiel, basada en una novela de John Le Carré. Tiene una imagen como de bing bang, un lago de color de jade, donde hace un calor terrible, y donde hay zonas bajo el nivel del mar, como el Mar Muerto.

-¿Y el otro viaje?

-Se centra sobre todo en el maravilloso parque de Selous y en el lago Tanganika, en Tanzania, que recorrimos en un viejo barco. Hay también un recorrido por Chitambo, la aldea de Zambia donde murió Livingstone.

-¿Sentía nostalgia para escribir de África?

-Estos eran sitios que no había visitado antes. Allí hay una vida intensa, en un momento ves que necesitas escribirlo, pero ahora no pienso en volver ni en escribir.

-Ha recorrido países de todos los continentes. ¿Por qué le fascina lo africano?

-Los diplomáticos lo llaman el mal de África. Es una enfermedad del espíritu. ¿Qué tiene? Una gran belleza natural y un drama humano, lo más hermoso y lo más terrible, la cara y la cruz de la vida. Atrae en la medida de esos contrastes. Y además está la sensualidad.

-¿Sensual, dentro de lo bello y lo trágico?

-África te conquista por los sentidos. Los sabores, los olores, las voces, el tacto de la caricia del aire como una mano invisible…

-Dijo usted que África es "como una mala mujer".

-La palabra sería encoñado, con perdón por la expresión. Te deja así, sabes que te hará daño, pero vuelves a ella.

-No hace turismo, sino viajes. ¿Se considera como un viajero romántico?

-No tanto. Los viajeros románticos eran ricos y, en su mayoría, viajaban con las comodidades de la época. Soy más bien un viejo mochilero.

-¿Cuál sería la diferencia?

-Suelo ir solo, y viajo en autobuses y barcos locales, y lo mismo hago con los alojamientos. En un plan más cómodo no podría escribir estos libros. Otra diferencia es que los viajeros románticos venían a España a contar cómo era el país. En aquellos años Andalucía era desconocida para los parisinos. Hoy, con el periodismo, todo rincón ha sido escrutado.

-Esta vez no fue solo, viajó con un grupo de amigos.

-Sí, en grupo, pero con unos amigos mochileros. Utilizamos tiendas de campaña. Había pocos hoteles y malos caminos. No lo pasamos muy bien en algunos momentos. El viaje en barco por el lago Tanganika se hizo en unas condiciones penosas, con mala higiene, hacinados… No era un viaje organizado de agencia.

-El viaje de aventura está de moda.

-La aventura no es riesgo, sino asomarte a lo que no conoces. Éramos seis personas y luego ocho. En este viaje no podía ir solo. Por ejemplo, para atravesar el norte de Kenia es necesario ir con más gente, porque tenemos que llevar alimentos. En Selous íbamos ocho. En la parte final de Zambia sí me quedé solo con otro compañero.

-¿Y qué le parece el Rey cazando elefantes en África?

-Muy mal. No por la caza, que se ha practicado siempre, sino por hacerlo en un momento en que la economía está por los suelos, con paro y hambre. Es insultante. El Rey debe dar ejemplo. Con esto y el caso Urdangarín, la monarquía ha dado un paso atrás, después de ganarse el respeto en un país que no es monárquico.

-Su país africano favorito es Tanzania. ¿Por qué?

-Tanzania tiene toda la belleza de la naturaleza, con sabana, montañas altas, desierto, costa, grandes lagos… El Ngorongoro es impresionante. La gente es amable y está orgullosa de su idioma, el swahili. Es un país seguro…

-En resumen, que aconseja el viaje.

-Se puede viajar sin problemas. Hay hoteles de un nivel medio. En los trenes se puede viajar, aunque son algo viejos y paran en todas las estaciones. La gente baja y sube a vender y comprar.

-¿Ha mejorado África en los últimos años?

-En lo esencial, no. Sigue siendo un continente miserable. Ha cambiado en los coches, que son menos viejos. Pero la esencia de África es la miseria, el dinero no se capitaliza en esos países. Hay una gran explotación.

-¿No ha disminuido la emigración a Europa?

-De momento no, ni bajará mientras en África no haya más desarrollo. En las grandes ciudades vive ya el 80% de la población africana, porque tienen unos centros que son relativamente prósperos, pero hay un gran cinturón de miseria alrededor. Aunque en Europa los inmigrantes están mal, aquello siempre es peor.

-Escribe mucho y variado: viajes novela, poesía…

-Me gusta tocar todos los palos. He publicado más novelas que libros de viaje, aunque para contar los viajes utilizo una estructura literaria. La poesía es la madre de todo. Sé que soy un poeta digno, aunque no un gran poeta como Alberti, por ejemplo.

-Fue periodista, pero ya no ejerce.

-El periodismo me abandonó. No volvería. Ha cambiado mucho, ya no se hace calle, ni grandes reportajes. Ahora casi todo es de despacho, o a través de internet.

-¿Su novela de más éxito es Barrio cero?

-Es la que ganó el premio Fernando Lara (en 2010). Pero la que tuvo más éxito es El médico de Ifni y también Venga a nosotros tu reino.

-¿Y si Javier Reverte tuviera que elegir la mejor?

-Mi preferida no es ninguna de esas. Para mí la mejor es Todos los sueños del mundo. Se agotó y actualmente está descatalogada, aunque espero que la reediten.

-¿En el futuro?

-Tengo una novela ya terminada, que transcurre en la Guerra Civil. Y voy a recorrer el río Yangtsé, en China. A ver si sale un buen libro…

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