"Yo llevo once años metido en la crisis y diez años sin ver el mar"

-¿Por qué Máximo?

-Por mi tío Máximo, el hermano de mi madre, que murió muy joven de una enfermedad muy rara que cogió en la guerra. Su padre, mi abuelo, fue maestro albañil de Aníbal González y cuando terminaron la Expo del 29 se fue a hacer un palacio a Casablanca.

-¿Cómo se ve en el autorretrato?

-Lo pinté en Francia tras los últimos fusilamientos de Franco. Cuando volví a España no me atreví a traerlo y se quedó Benito con él, que además hizo de modelo de los cinco fusilados.

-Máximo Moreno entre amigos. ¿Cuántos reunirían los enemigos?

-Tenéis más enemigos los periodistas. Cuando yo decía que no quería ser arquitecto, que quería ser pintor, mi padre decía: "Un pintor es una mierda". La pintura no se vende absolutamente nada. ¿La crisis? Yo llevo once años metido en la crisis y diez sin ver el mar.

-¿Qué ve desde su buhardilla?

-Un barrio de Los Remedios donde cuando llegué, con seis años, había un lago al que íbamos a bañarnos y a coger ranas. Estaban los pisos que hizo Queipo y empezaron a hacer los pisos de los millonarios, porque costaban un millón de pesetas. Tenían 600 metros cuadrados y un apartamento para las criadas con tendedero.

-¿Por qué se fue a Suiza?

-Me autoexilié. Yo estaba en Madrid cuando la bomba a Carrero, la operación Ogro. Fui con Benito en su 4L a cobrar un dinero de Autores. Me cogieron en una discoteca y me dieron la del tigre. Me pidieron perdón, se habían equivocado, pero me fui a Ginebra a estudiar Bellas Artes.

-¿Cuál fue su primera portada?

-La de Memoria de un ser humano de Miguel Ríos. Él grababa en Hispavox igual que Los Payos, donde estaba mi hermano Josele.

-¿Y ahí da el salto?

-Entré de pruebas en la CBS, pero Daniel Gil, que sería diseñador de Alianza Editorial, dijo que estaba muy verde y me echaron. Y a los tres meses hago la portada de El Lui, las de Alameda y Pasaje del Agua, con Lole y Manuel. Cuando vio esa portada, el director de CBS en España, Eduardo Muñoz, un multimillonario cordobés que vivía en Puerta de Hierro, me encargó un retrato. Se creía que se lo iba a hacer gratis. Era un mes de trabajo, y le pedí cuatrocientas mil pesetas. Me dio un talón para cobrarlo en Móstoles y no me encargaron más portadas.

-¿Es el cuarto hombre de Triana?

-Les hice tres portadas. En Sombra y Luz hago el dibujo, el diseño y hasta la letra de una canción.

-Alameda, Triana, Lole y Manuel. ¿Fue un andalucismo cultural?

-Pero casi todos estaban en Madrid. Los músicos aquí lo pasaban casi tan mal como los pintores.

-¿Y el andalucismo político?

-Un retrato que me encargó Alejandro Rojas-Marcos.

-¿Retrató a gente que no le gusta?

-¡Hombre, claro! No voy a retratar sólo a la gente de izquierda, si es la derecha la que tiene dinero. Mujeres he hecho muchas. Y niños. Es lo más difícil. Los niños no tienen referencias, no tienen arrugas, los ojos muy grandes, la boca muy pequeñita.

-¿Las cervicales le han tratado peor que los marchands?

-Hay veces que estás ensimismado pintando, la cabeza coge malformaciones que te llegan a la espalda. Pintar es muy duro. Yo me he caído, me rompí los dos tobillos y una rodilla. Murillo se murió al caer de un andamio.

-¿Quién le sugirió lo de entre amigos?

-Aute. Uno de los mejores.

-Los tres hermanos se casaron con extranjeras. ¿Se escandalizó Beatriz, su madre?

-Mi madre no era cotilla. Era del sindicato socialista de la aguja. Su oficio era abriguera, hacía abrigos y chaquetas. Benito se casó con una argelina, Josele con una bretona y yo con una americana, pero la madre de mis hijas es sevillana de la Puerta de la Carne.

-¿Su último trabajo?

-La obra que voy a sortear. Dos paquetes, uno de cuarto y mitad de lentejas, otro de cuarto y mitad de garbanzos. Cuarto y mitad es lo que compra un tío que vive solo para comer. Esos paquetes los hacía de maravilla el arquitecto Guillermo Vázquez Consuegra en la tienda de su madre. Es buen amigo y hemos remado juntos.

-¿Entró al mundo de sus modelos?

-Fui a Vallecas para la portada de Los Chunguitos, cuando las Azúcar Moreno eran unas niñas. Y a las Tres Mil con Raimundo Amador para la foto de Los Montoya.

-¿Cómo trabajó con Camarón?

-Me llamaron de la Philips y me citó en Barbate. Alquilé un coche. Quedamos a las cuatro de la tarde y llegó a las tres de la mañana con Tomatito. La única luz era una bombilla. La gente estaba cabreadísima. A mí me iban a pagar, pero ellos habían pagado para verlo. Camarón era un encanto. Suave, tranquilo, muy calladito.

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