España abandona a Asad

  • Después de años de propiciar una interlocución privilegiada con el régimen sirio, Madrid se une al resto de Europa en el endurecimiento de sus sanciones.

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Las sanciones impuestas por la Unión Europea al régimen sirio como medida de fuerza para que frene su represión de las protestas han llevado a España a dar la espalda de una manera definitiva al presidente sirio, Bashar al Asad, después de haber labrado una relación de estrecha amistad en la última década.

Esta camaradería, heredada de la etapa en el poder de su padre, el fallecido Hafez al Asad (1971-2000), fue siempre uno de los pilares sobre los que se apuntaló la interlocución privilegiada que España mantiene con Israel y los países árabes sobre el conflicto de Oriente Próximo y el diálogo mediterráneo.

Siria es un país clave en la resolución del contencioso entre israelíes y palestinos y mantiene una relación muy estrecha con Irán que lo que potencia su peso en la región.

Conscientes de este papel, tanto el Gobierno de José María Aznar como el de José Luis Rodríguez Zapatero se esforzaron en tender puentes con Bashar al Asad después de que éste asumiera la presidencia siria a la muerte de su padre en julio de 2000.

Al hecho de que España haya sido el país "más cercano" a Damasco dentro de la Unión Europea, como aseguró el ex ministro de Asuntos Exteriores Miguel Ángel Moratinos en noviembre de 2009, ha contribuido de manera importante la sintonía que los Reyes han tenido con el ahora denostado presidente sirio.

Después de que Hafez al Asad nunca llevara a cabo una visita a Europa, su hijo eligió España para hacer su primer viaje a un país occidental en mayo de 2001.

La última vez que estuvo en Madrid fue hace menos de un año -julio de 2010- y entre medias lo hizo en 2004, devolviendo la visita que los Reyes hicieron a Damasco en 2003.

El jefe del Ejecutivo, José Luis Rodríguez Zapatero, también viajó a Damasco en octubre de 2009 con el encargo del presidente de Estados Unidos, Barack Obama, de que el régimen sirio apoyara sus esfuerzos en favor de la paz en la región.

Animado por Moratinos, el Gobierno socialista siempre ha mimado la relación con Siria convencido de la disposición de Al Asad para favorecer la paz en la zona y dar pasos hacia la apertura de su régimen, aislado durante años y enemigo acérrimo de Israel.

Moratinos fue además el principal defensor de que los países de la Unión Europea aceptaran cerrar un acuerdo de asociación con Siria, lo que ahora ha quedado en papel mojado.

La fe en los avances del régimen sirio la renovó la jefa de la diplomacia española, Trinidad Jiménez, con motivo de su visita a Damasco el pasado 15 de marzo, en vísperas del estallido de las revueltas en el antiguo califato omeya.

Jiménez se mostró convencida entonces de la voluntad de Al Asad de hacer reformas democráticas y adaptar su régimen autoritario a la ola de cambios iniciada en Túnez y Egipto.

La frustración del Gobierno español le ha llevado ahora, dos meses después, a secundar las sanciones a Siria, que incluye vetar la posibilidad de que el presidente sirio viaje a Europa y suspender programas de cooperación y de inversión.

España, por ahora, no ha dado el paso de reclamar la salida del poder de Al Asad, como sí ha hecho en el caso del líder libio, Muamar el Gadafi, y su participación en la ofensiva militar contra su Ejército.

Jiménez se muestra confiada aún en que con esta política de firmeza, el presidente sirio terminará cediendo en su empecinamiento, se avenga a dialogar finalmente con la oposición de su país y acepte hacer reformas en un sentido democrático

Para el Gobierno español, de que Asad dé estos pasos depende seguir extendiendo el aroma democratizador de las revueltas árabes, hacer prosperar la declaración del Estado palestino este año y resucitar la Unión por el Mediterráneo.

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