Rubalcaba y la derrota de ETA

Apropósito de la sentencia del Tribunal Constitucional (TC) sobre Bildu, en el arranque de la campaña electoral de las pasadas elecciones municipales y autonómicas, el ex presidente Felipe González aseguró en un mitin en Baracaldo (Vizcaya) que al PP le "aterra" que ETA tire la toalla en la presente legislatura. "Gente como Mayor Oreja se llevaría el disgusto de quedarse sin discurso", sentenció.

Con estas manifestaciones fuera del argumentario de campaña, el político sevillano puso el dedo en la llaga sobre un asunto que puede resultar capital de cara a las elecciones generales del próximo año. O ése, al menos, es el objetivo de los socialistas.

Sin tiempo para que las reformas impulsadas por el Gobierno de Rodríguez Zapatero arrojen un crecimiento económico por encima del 2% que active de forma vigorosa el empleo y reduzca al paro significativamente, el PSOE pretende jugar la baza del fin de ETA para intentar abortar el cambio de ciclo que los pasados comicios del 22-M revelaron sin ningún género de dudas.

Para ello, sin embargo, el que será candidato del PSOE en 2012, Alfredo Pérez Rubalcaba, está actuando con pies de plomo, sin ofrecer ningún tipo de concesión a los etarras y su entorno -salvo una política penitenciaria inteligente que premia moderadamente a los arrepentidos- que pudiera acelerar el punto y final.

En su hoja de ruta, a pesar de que el PP se lo ha puesto bastante difícil sobredimensionando mediática y parlamentariamente el caso Faisán, prima la unidad democrática ante los terroristas. En alguna ocasión, el mismo vicepresidente primero ha defendido la necesidad de llegar juntos al final tras el largo camino recorrido bajo el paraguas del Pacto Antiterrorista.

En esos parámetros hay que situar, entre otros, la negativa del Gobierno a que Bildu pudiera concurrir a las elecciones del 22-M, el rechazo del propio Pérez Rubalcaba a que los socialistas pacten con esta coalición en el País Vasco y Navarra y el acuerdo alcanzado entre PSOE y PP para desbloquear la Ley de Víctimas del Terrorismo, incluyendo una parrafada que garantiza que "el Estado reitera su compromiso de perseguir la derrota definitiva, incondicional y sin contrapartidas del terrorismo en todas sus manifestaciones".

Y, sobre todo, manteniendo la tensión en la lucha policial y judicial contra la banda terrorista hasta el último minuto.

En esa senda, si llega el momento, el ministro del Interior tendrá al PP donde quiere: sin capacidad para reprocharle nada, sin poder robarle esos primeros planos que consumirá defendiendo, solemnemente y sin colgarse medallas individuales, que la derrota del terrorismo ha sido una tarea de todos los demócratas, con las víctimas y sus familiares a la cabeza.

Puede que el discurso oficial del Gobierno tenga algunas dosis de sintaxis orwelliana -el TC, con la sentencia sobre Bildu y las dudas sobre la doctrina Parot, confirmaría ese doble lenguaje del Ejecutivo-, fruto de la herencia que deja Rodríguez Zapatero.

Pero Pérez Rubalcaba sabe mejor que nadie que en la derrota de ETA sin concesiones se juega las pocas opciones que tiene de derrotar a Rajoy.

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