Un país que sobrevive en el filo de la navaja

  • Los ataques se han multiplicado en la zona de Herat, una de las que verán partir a los primeros soldados aliados

Diez años después de la invasión liderada por EEUU que derrocó al régimen talibán, los afganos se preparan para iniciar una transición que les devolverá el control del país con el temor a que los insurgentes aprovechen el momento para acabar con este intento de normalización con nuevas ofensivas y atentados.

Con su inicio fijado oficialmente para el mes próximo, la transición comenzará en siete provincias y distritos que representan el 25% de la población del país y que figuran en su mayoría entre los más seguros. En ellos, la OTAN cederá a las autoridades afganas el liderazgo en materia de seguridad, pero mantendrá efectivos para apoyar a las fuerzas nacionales.

El objetivo es que a finales de 2014 las autoridades afganas se hayan hecho cargo del control y sean capaces de gestionar de todo el país. "La transición en términos de seguridad pinta muy bien", asegura un responsable de la Fuerza Internacional de Asistencia a la Seguridad (ISAF) que pidió no ser identificado. El Gobierno del país es de la misma opinión y considera que el crecimiento de sus fuerzas armadas está listo para compensar las futuras reducciones de tropas internacionales.

Sin embargo, pese a ese optimismo, reforzado por el éxito de la ofensiva contra la insurgencia durante el pasado invierno, los afganos no las tienen todas consigo.

"La transición ha creado el sentimiento (entre la población) de que la ISAF se va a ir y los talibanes recuperarán el poder", asegura a Efe el director del Centro para la Investigación y los Estudios Políticos de Afganistán, Haroun Mir.

La preocupación se reafirma con el aumento de la actividad insurgente en las últimas semanas.

Según datos de la ONU, el pasado mes de mayo fue el más sangriento para la población civil afgana en los últimos cuatro años, con 368 víctimas mortales, causadas en su gran mayoría por ataques de los talibanes.

Las acciones se extendieron además a zonas habitualmente tranquilas, como Herat, una de las zonas incluidas en la primera fase del proceso de transición, y donde trabajan los soldados españoles .

"Tenemos indicios de que los insurgentes van a tratar de desestabilizar las zonas T1 (aquellas incluidas en la primera fase de la transición) y (...) de que van a buscar atentados espectaculares", asegura un mando militar neozelandés destacado en una de esas áreas. Los temores se han confirmado con los recientes ataques en Herat.

Los responsables de la Alianza insisten una y otra vez en que la transición no significa pacificación, sino dotar al Ejército y la Policía afgana de capacidad suficiente para hacer frente por sí mismos a las amenazas.

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