Vuelta a empezar: de abuelo esclavo a cabeza de familia

  • La pensión de los jubilados es la tabla de salvación para los familiares sin recursos

Al cruzar la puerta se escucha el ruido que provocan las fichas al desplazarse por las mesas, conversaciones inacabadas y partidas que en muchas ocasiones matan las horas de los días que se viven con angustia y a la espera de tiempos mejores. Entre partidas de dominó en la Unión Democrática de Pensionistas y Jubilados de Granada en el barrio del Zaidín pasan las horas muchas personas que intentan huir, aunque sólo sea por un rato, de una realidad social que cada vez se vuelve más frecuente.

Los pensionistas se ven en la necesidad de ayudar a familiares parados tanto de forma económica como de forma material a través de su retribución de jubilado. Muchos de ellos aseguran que no pueden dejar una partida a medias para hablar del tema. Quizá tan sólo tratan de evadir el conversar de esta dura realidad y sólo algunos de ellos acceden a contar su experiencia con la condición de no revelar su identidad.

Lo cierto es que en la calle sucede lo mismo. Todo el mundo lo conoce, ha oído hablar o sabe de alguien que esté en esta situación, pero se vuelve difícil la posibilidad de encontrar un pensionista que sin tapujos y sin miedos hable del asunto. "Es un tema delicado. Hay mucha gente así, yo personalmente no conozco a nadie que viva de la pensión de su padre, pero sí he oído que a muchos abuelos los han tenido que sacar incluso de las residencias donde estaban para vivir su pensión" comenta M. M. R, pensionista granadino. "Aquí conozco bastante gente que tiene a sus hijos viviendo en casa o que van a comer allí porque se han quedado sin empleo", asegura.

Sucede lo mismo a pie de calle. "Hay varios vecinos en mi bloque que se encuentran en esta situación aunque directamente no conozco a nadie", aseguran las personas que pasean por la calle.

M. M. R es jubilado desde el año 1992 y su retribución es de 1.187 euros. "Sufrí una angina de pecho y junto con la poca visión que tengo obtuve la invalidez permanente absoluta", explica este jubilado que asegura que su pensión no está mal. "No me quejo, han sido muchos años trabajando y para mi mujer y para mí tenemos más que suficiente", comenta.

La esposa de M. M. R lleva enferma 25 años, padece importantes lesiones en las vértebras y en 1989 sufrió una peritonitis que le generó una pancreatitis necrótica hemorrágica. "Salió adelante aunque actualmente tiene 11 vértebras aplastadas. Ha perdido estatura y está un poco encorvada", explica. Para este pensionista la consecuencia de todo esto es que a su esposa le resulta ardua la tarea de realizar las labores de la casa. "Yo soy el que compra, guisa y hace las faenas del hogar, soy el amo de casa", explica entre risas. Pero desde hace algo más de 10 meses M. M. R y su mujer cuentan con un inquilino más en el hogar. "Tenemos un problema añadido en la casa y es que un hijo mío se ha divorciado y se ha venido a vivir con nosotros. No es que mi hijo provoque problemas pero es una preocupación más y bastante grande porque desde octubre se ha quedado sin empleo", asegura con angustia.

En muchas ocasiones se da este tipo de situación en los distintos hogares tanto de Andalucía como en el resto de España. En los mejores casos los hijos residen en la vivienda de los padres y obtiene la ayuda por desempleo. En el peor, de una sola pensión vive una familia entera. "Esto ya es una ayuda porque no tiene que aportar dinero para comer ni para vivir, tampoco tiene que pagar alquiler y con el paro puede pagar la manutención a sus hijos", apunta M. M. R.

Este jubilado granadino asegura que por ahora no necesita destinar una parte de su retribución a su descendiente pero duda de si en un futuro tendrá que hacerlo "Mi hijo no me ayuda económicamente ni yo a él de forma directa. Si algún día yo tuviera necesidad, sé que lo haría. El problema es que ¿de dónde lo va a sacar si ni si quiera va a tener para él dentro de un año cuando se le acabe el paro?", lamenta. Y asegura que tan sólo ha tenido que asistir económicamente a su hijo en el momento del divorcio. "Para mí fue un desembolso fuerte, quizá para otras personas 4.000 euros significa una miseria, pero para mí ha sido mucho", recuerda.

Lo cierto es que esta familia asegura que por el momento no tienen dificultades económicas, ya que con la pensión de M. M. R pueden subsistir las tres personas que habitan en el hogar. "En principio nos llega para pagar la luz, el agua, la contribución... El problema es que cada vez todo se dispara más, pero las retribuciones no suben y el nivel adquisitivo de los pensionistas disminuye", lamenta.

Este jubilado granadino no tiene expectativas de futuro, ya que según él, posee un piso y ha tenido la oportunidad de vivir una buena vida. "Dentro de unos años me apagaré como se apagará mi mujer y no tengo expectativas de futuro ni ilusiones. Yo ya tengo todo lo que quiero en la vida, el problema es esa gente joven a las que le espera un futuro negro", explica.

La situación que vive M. M. R en muchos casos es la que se desarrolla detrás de cada una de las puertas de las viviendas de los pensionistas aunque, de cara a la vida pública, muchos de ellos no quieren comentar la realidad que viven día a día. Quizá el caso de este pensionista granadino no sea el más desolador de los muchos que se están dando en los hogares granadinos, andaluces y españoles, pero pone de manifiesto una dura situación. M. M. R no espera que vengan tiempos mejores a corto plazo y teme por el futuro de los suyos y de la mayoría de los jóvenes que ahora emprenden su camino.

De todo es sabido que hace un tiempo a los nietos los educaban los abuelos por la situación laboral de los padres. Ahora estos jubilados se ven en la obligación de volver a asumir el papel de cabeza de familia de aquellos hijos que un día partieron del hogar con grandes expectativas de futuro y cargados de ilusiones que ahora se ven truncadas.

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