El desorden tiene un precio

  • La futura Ordenanza de la Convivencia contempla casi todas las conductas incívicas y les pone un precio, una sanción que beneficiia al orden público y a las arcas municipales

El gamberro ideal no existe pero supongamos que sí, que inspirado por la futura Ordenanza de la Convivencia que prepara el Ayuntamiento alguien decide convertirse en el retrato en negativo del ciudadano perfecto. ¿Cuánto le costaría? A partir de la entrada en vigor de la ordenanza todas las conductas incívicas tendrán un precio. Y no es una metáfora. Las sanciones oscilan entre los 300 y los 1.500 euros. El Ayuntamiento jura que no piensa en el dinero. Y sin embargo tiene la caja preparada. ¿Cuánto costará ser malo?

Son las doce de la noche y nuestro gamberro ideal se encuentra en los aledaños de la Catedral. En su bolsillo lleva un spray negro. No lo puede evitar y estampa en la vieja piedra su firma, un garabato. La poca luz impide que se percate de que a sus espalda tiene a dos agentes de la Policía Local. No se lo piensan y le sancionan con 3.000 euros.

Con el primer mazazo sobre su bolsillo y su conciencia le entra sed y decide ahogar su pena en alcohol. Camina y compra una litrona de cerveza en Plaza Nueva. Frente a la iglesia de Santa Ana llega su segundo disgusto en forma de 750 euros por beber en la calle. Se le corta el cuerpo... normal. Después del susto, las necesidades fisiológicas aprietan... y en una esquina silenciosa y oscura decide orinar. ¡Craso error! La ordenanza de la convivencia también lo prohibe y, nada más y nada menos, lo castiga con 300 euros. No es su noche.

Ya son las dos de la mañana y su cabeza no para de dar vueltas. Después de lo que lleva encima sólo puede rebelarse contra la sociedad. Se acuerda de su padre, parado de larga duración y sin perspectivas de oficio alguno. "Una pancarta, eso es lo que voy a poner". Dicho y hecho. El gamberro perfecto tiene la gran idea de colocar una pancarta en la puerta del Banco de España, en plena Gran Vía, que reza: "¡Para mi padre y todos aquellas personas que superen los 40, un empleo!". Inocente de él porque Gran Vía está plagada de agentes que no pierden detalle de su afán reivindicativo y vuelven a multarle, en esta ocasión, con 1.501 euros por ser un edificio de valor artístico.

A las tres de la madrugada nuestro vándalo acumula una deuda con el Consistorio de 5.551 euros a base de multas por vulnerar la Ordenanza de la Convivencia.

¿Pero esto que es? Indignado sigue su camino, no sabe bien adónde. Impotente y con la rabia en el cuerpo de saber el desembolso que tendrá que hacer al Ayuntamiento de Granada tira una piedra. No podía ser más certera porque no tiene otra mejor dirección que impactar en uno de los bombos especiales de las farolas de Gran Vía. Corre, por si las moscas... pero nada, los gamberros perfectos también tienen defectos. Otra vez la pareja de policía, ahora en un zeta. Le entregan otro papel rosa donde dice que le han caído 750 euros.

En esos momentos, bloqueado y cansado por una noche tan intensa recuerda que lo único que ha escuchado que en Granada podría ser sancionables es mantener relaciones sexuales en la calle... Evidentemente, en eso es lo último que estaba pensando.

Así que vuelve a su punto de origen, a la Catedral. Ahora son cerca de las 5:30 mañana y sin su bote de spray no puede escribir siquiera lo que debe en multas: 6.300 euros. "Y aún me quedan tantas fechorías por hacer", piensa. Y tantas multas que pagar. Pero se contiene las ganas para mal de la ventanilla de recaudación. Evidentemente, ni este gamberro, ni esta historia son reales, pero podrían serlo. La ordenanza de la convivencia es una buena herramienta para lograr la armonía ciudadana, pero nadie duda de que también es la llave para urdir estrategias recaudatorias.

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