"El suicidio no es cuestión de valentía o cobardía, es cuestión de desesperación"

  • Esteban Aguilar ve con preocupación el aumento de casos de familias azotadas por la crisis · Cada día entra en su despacho alguna persona con un cuadro grave de depresión en busca de motivación

Cada semana la desesperación llama al menos tres veces a la puerta del despacho de Esteban Aguilar. Lo hace en forma de familias sin recursos y, lo que es más grave, sin esperanza. Coordinador de un programa municipal de drogas en Albolote, Esteban se enfrenta en su condición de psicólogo clínico a la cara más extrema de la crisis, la que borra la motivación, la identidad y hasta las ganas de vivir. En los cuatro años y medio que trabajó en la cárcel aprendió que los índices de felicidad son los mismos en la calle que entre rejas. Es erróneo pensar que uno no aguantaría el cautiverio. "no te morirías... te adaptarías".

-Coordina usted un programa de drogodependencias y sin embargo la mayor parte de las atenciones que realiza son cuadros graves de depresión, ansiedad... Sintomático de la situación que vivimos...

-Hemos tenido que ampliar el rango de atención porque a mí, como psicólogo, me están llegando muchos casos. Salud mental está saturada y estamos viendo que hay cada vez más incidencia, ya no solamente de consumo de drogas y de patologías como pueden ser la ansiedad y la depresión (que son las más comunes) sino que estamos encontrando familias completamente desestructuradas, situaciones completamente desesperantes y desesperadas, con todo lo que ello conlleva: insomnio, problemas de pareja, desestructuración familiar, inadaptación, autoestima destrozada, motivación nula...

-¿Y dice que son muy frecuentes estos casos?

-Queremos aprovechar los recursos que tenemos a nivel municipal en Albolote y darle, más que cobertura, asesoramiento a determinados casos. Mi oficina se sitúa en un área de protección social en la que podemos dar una atención mensual a unos 500, 600 expedientes. No todos tienen ese perfil tan dramático pero, que requieran una atención clínica y con cierto carácter de urgencia podemos estar atendiendo dos, tres casos a la semana.

-¿Qué hace un psicólogo ante una situación de emergencia de este tipo?

-En estos casos en los que la solución es externa a la persona, (por ejemplo ante un desahucio) es fundamental hacer una prevención de otro tipo de problemas derivados de la situación y, en última instancia previniendo también el suicidio, pero fundamentalmente ejerciendo un efecto lo más tonificante posible a la hora de que la persona se exprese y después haciendo que la persona reestructure la capacidad de control. En psicología hay un fenómeno que se llama la indefensión aprendida. Cuando uno percibe que haga lo que haga no va a tener control sobre la situación, aparecen dos opciones: o uno se inhibe completamente o se rebela. En el caso del suicidio estaríamos hablando de esa inhibición y en el caso de una agresión, un atraco, una cuestión llamativa donde haya una repercusión hacia otro estamos hablando de algo más reactivo.

-¿Qué perfil tienen las personas que sufren esta patología?

-El abanico es cada vez más amplio y variopinto. Tenemos familias humildes que ahora el choque de la crisis les ha provocado un empeoramiento de su situación económica y tenemos familias donde el rango socioeconómico era altísimo y que de la noche a la mañana han quebrado, con lo cual ahí tiene que haber un reajuste total y absoluto a la nueva situación, y eso cuesta muchísimo.

-No estamos acostumbrados a que las cosas nos vayan mal.

-Sin duda. No estamos preparados para el fracaso ni biológica ni evolutivamente. Estamos adaptados para tener éxito. Sin embargo, el dolor es parte de la vida. Todo el mundo aspira a no pasar dolor, sin embargo, hay una enfermedad neurológica basada en la incapacidad de percibir el dolor. Es una enfermedad crónica que termina en muerte. El dolor es una emoción de adaptación, pero claro ¿a quién le gusta el dolor? Con el miedo pasa igual.

-Pues dicen que la felicidad es la ausencia de miedo.

-La mejor definición de felicidad me la dieron en un entorno donde precisamente la felicidad debe brillar por la ausencia: la prisión. Allí dicen que "cuando vayas a Ithaca pide el camino más largo porque Ithaca como ciudad no tiene nada pero el camino es precioso. Una persona feliz es una persona que hace, que crea, que cambia, que mueve, y a la vez ese movimiento genera bienestar, satisfacción. La gente que viene a la consulta llega con patologías muy circulares: estoy mal, no tengo ganas de hacer nada, no hago nada con lo cual estoy mal y como estoy mal no tengo ganas de hacer nada. Esa dinámica hay que romperla.

-¿Se puede vincular el aumento de casos de suicidio con la crisis?

-Mojarse aquí tiene un margen de riesgo muy alto. No todo el que tiene problemas económicos se suicida, ni todo el que no los tiene deja de hacerlo. El suicidio no está relacionado directamente con una razón concreta, aunque sí es cierto que en una situación donde empeoran las condiciones de vida y no hay una capacidad de adaptación a ese cambio de vida, evidentemente que aumenta el riesgo pero no solo de suicidio, también de consumo, de patologías y de insatisfacción.

-Eso es lo que le pasó a José Miguel Domingo, el vecino de La Chana que se suicidó el 25 de octubre.

-Si estudias los casos del vecino de Jaén este verano, el de La Chana o el de Barakaldo ves que son personas totalmente integradas. Tenemos la idea del suicida como una persona inadaptada, inhibida, solitaria... y no es así. En Jaén hablamos de un padre de familia, empresario, con varios hijos y un grado de satisfacción de su vida normal. José Miguel era un tipo completamente adaptado, soltero, son su familia, su negocio... integrado en el barrio, en la sociedad y aparentemente feliz.

-¿Y entonces?

-A mí ninguna de las razones que la psicología me puede aportar me explican por qué de este tipo de casos han derivado en un tema de suicidio. Es más, a mí lo único que me lo explica es una razón: la pérdida absoluta de esperanza. No hay nada más peligroso que una persona que piensa que lo tiene todo perdido. Centrarte en los motivos clínicos y razones de ese suicidio es como centrarte en las cenizas sin ver qué es lo que enciende el fuego.

-En todos estos casos parece que hay una causa común: un desahucio.

-La causa es un desahucio, algo externo, incontrolable para esa persona y el efecto es un grado de desesperación tan alto que termina con cualquier esperanza, hasta el punto de pensar que la mejor salida es acabar con todo quitándose voluntariamente la vida. Para mí lo dramático de esta situación es que este factor, que es controlable desde mi punto de vista, se está desbocando y lo mismo que estas tres personas se han quitado la vida, igual pasa el efecto contrario y consideran que lo que tienen que hacer precisamente es defenderse de algo de manera indiscriminada.

-¿De qué depende que uno opte por un camino u otro?

-De la suerte. Puedes hablar de temperamento si quieres pero yo he conocido en la cárcel a gente que no ha tenido el más mínimo problema judicial jamás ni personal con nadie y están condenados por haber matado a su mujer. Esto es como cuando llueve ¿por dónde se hace el cauce?, por la parte más débil. Si la parte más débil en ese momento es atentar contra uno, por esa desesperación, uno atenta contra uno, si la parte más débil provoca una profunda indignación y sed de justicia personal, la persona probablemente cambie de la autoagresión a la agresión a otro. Estamos en una situación de equilibrio forzoso con esta crisis que en cualquier momento se puede acabar porque el que espera desespera.

-¿Cómo se puede hacer que estas pesonas lo vean todo un poco más claro?

-Esa no es mi obligación. Piensa cuando has estado mal, ¿qué prefieres, que una amiga se siente contigo y te diga que tu vida es mucho mejor, que tienes muchas cosas por las que luchar o que te llame una tarde y te diga que ha reservado mesa para iros a cenar? ¿Lo segundo, verdad? Escuchar es parte del proceso, pero el movimiento se demuestra andando. A la persona desahuciada hay que enseñarle que le han quitado la casa pero que se sigue viviendo y te lo tengo que demostrar.

-Pues salvo que aparezca usted con un trabajo...

-No, por ahí no va la historia. Tienes que procurar que esa persona encuentre motivaciones, direcciones hacia donde ir. Aunque tu motivación vital sea defender el recurso que te ha puesto el banco para quitarte la casa, o expresar en un periódico tu indignación. Para la persona que tiene hijos y no tiene qué darles de comer, esos hijos son un motivo, porque el hecho de que falte tampoco va a hacer que les des de comer.

-¿Para suicidarse hay que ser muy valiente o muy cobarde?

-En una frase de las de azucarillo dice que la depresión es un signo de debilidad. En absoluto. Es un signo de haber intentado mantenerse fuerte durante mucho tiempo, es un producto del agotamiento. No es una cuestión de valentía ni debilidad, es una cuestión de desesperación.

-¿Se puede prevenir el suicidio?

-Sin duda. Como se puede prevenir la mayoría de las cosas. En principio reformando la ley o incluso la Constitución. Estamos en un sistema que no funciona y que en algunos casos, sin querer dar una visión apologética, esto está tomando tintes claros de homicidio inducido. Una persona que ha notificado al banco que no puede pagar, que se lo ha dicho en varias ocasiones y que no tiene asistencia legal está avisando de unos riesgos. Es como si yo cada mes te mandara una carta a tu casa y te digo que te voy a quitar todo lo que quieres y te amenazo con arruinarte, entonces yo me vería ante un proceso judicial penal.

-¿Hay esperanza después de todo?

-Por supuesto. Tenemos una deformación al asumir que el control de nuestra vida lo tienen factores externos y nos ponemos excusas. Las excusas son las mayores cadenas para el cambio. No soy feliz porque no tengo un sueldo alto, cuando tengo un sueldo alto no tengo el coche que quiero, cuando tengo el coche que quiero no tengo la pareja que me acompañe y cuando tengo pareja no soy feliz porque no tengo la libertad de antes. Cualquier motivo es una razón para ser feliz o dejar de serlo.

-¿La clave está en ser feliz con las pequeñas cosas?

-La clave está en uno, ni en las pequeñas ni en las grandes cosas. Nosotros mismos somos nuestro mejor amigo y nuestro peor enemigo. Me di cuenta en la cárcel y me llamó mucho la atención. Los índices de felicidad aquí son los mismos que en la calle. Y tú dices, si yo estuviera aquí me moriría. No, no te mueres, te adaptas.

-Existe la creencia de que no hay que informar de los suicidios por su efecto llamada.

-Si el hecho de hablar de suicidio incita a aumentar la incidencia, también pasaría al hablar del consumo de droga, la eutanasia o el aborto. Las razones del suicidio no están en que un periódico lo cuente o no. Hay que hablar de lo que está pasando, sin duda.Y si una persona que está pensando suicidarse habla, muy probablemente descargue la angustia. Los periódicos debeis informar y, si no hablais de suicidio para mí debe ser por una sola razón: por respeto al suicida y a la familia.

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios