Cuando el tomate sabe a tomate

  • Los alumnos del Gómez Moreno degustaron un desayuno ecológico a base de productos de la huerta

"¿Se puede repetir?". Una buena rebanada de pan con tomate y un vaso de zumo se convirtieron ayer en las mayores delicatessen para los alumnos del Colegio Gómez Moreno del Albaicín. La campaña Alimentos ecológicos. Del campo a la mesa llegó ayer al centro para hacer ver a los más pequeños la importancia de alimentarse con productos de calidad y, a poder ser, producidos en la tierra. Precisamente, el colegio Gómez Moreno fue uno de los centros pioneros en la capital en poner en marcha un comedor ecológico hace cinco años y a pesar del paso del tiempo mantienen la misma filosofía de inculcar la cultura ecológica con los nuevos alumnos.

"Sabe diferente", comentaba el pequeño Javier, "la tostada está buenísima", añadía. Aunque el pan con tomate no era nuevo para Javier, reconocía que no era su desuyano de todos los días. "Pues tomo galletas, cereales, batido y, a veces, tostada con mermelada", comentaba. El objetivo de la campaña además de "degustar" es "concienciar". Para ello el secretario de Coag, Emilio Rodríguez y presidenta de la Asociación de Mujeres del Mundo Rural, Manuela Jiménez, se encargan de explicarles de una manera sencilla qué es la producción ecológica, cuáles son los canales de comercialización, dónde se pueden comprar y, especialmente, por qué es recomendable el consumo de productos ecológicos. "Pasan un proceso totalmente natural, no se les aplica fitosanitarios para su producción, no tienen que soportar grandes traslados para que lleguen a sus puntos de destino y, sobre todo, son muy beneficiosos para la salud", apuntaban los responsables.

Emilio Rodríguez apuntó en su charla que la mejora en el contenido de nutrientes, la menor proporción de agua que contienen y la ausencia de sustancias tóxicas hacen que sean productos fundamentales para la dieta diaria.

Pero la historia ecológica de los escolares no acabó con la charla y el desayuno. Con el estómago lleno, los niños participaron en un mercado ecológico. "Se trata de que los niños sepan diferenciar el precio de las distintas hortalizas en origen (lo que percibe el agricultor) y en destino", señaló el presidente de la Coag.

Durante el transcurso de la actividad los niños no paraban de preguntar si se podía repetir. "Es que los productos saben mejor...cuando un tomate sabe a tomate es difícil que no guste...", explicaba una de las madres. Por un momento la bollería industrial y los productos hechos a base de conservantes y colorantes no entraban en la mente de los pequeños. La dieta ecológica comienza a no ser un 'bicho raro' para los niños.

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