Burroughs + Stanton + Pixar = una promesa incumplida

JAcción/Ciencia ficción, EEUU, 2012, 132 min. Dirección: Andrew Stanton. Guión: A. Stanton, M. Andrews y M. Chabon, a partir de la novela de Edgar Rice Burroughs 'La princesa de Marte'. Intérpretes: Bryan Cranston, Mark Strong, Dominic West, Willem Dafoe, Taylor Kitsch. Cines: Cinema 2000, Kinépolis, Madrigal, Multicines Centro, ArteSiete Alhsur.

Edgar Rice Burroughs (1875-1950) vivió en primera persona el vertiginoso desarrollo de la cultura de masas y de su moderna mitología en los Estados Unidos: cuando el escritor nació Wyatt Earp era sheriff de Tombstone, Custer mandaba el Séptimo de Caballería y faltaban veinte años para que naciera el cinematógrafo; cuando murió empezaba el declive del sistema de los estudios de Hollywood, se editaban millones de cómics, explotaba el rock & roll y la televisión vivía su primer año como espectáculo doméstico de masas.

Burroughs no fue únicamente testigo de estos acontecimientos, sino actor importantísimo. Una parte fundamental del moderno imaginario de masas se debe a él. Vaquero en los últimos años del siglo XIX y soldado del Séptimo de Caballería en las guerras apaches, nació como escritor en 1911 con una novela de ciencia-ficción publicada por entregas (La princesa de Marte) en la que presentó a John Carter; y en 1912 con la primera entrega de las aventuras de Tarzán, su personaje más famoso y una de las cumbres de la literatura popular del siglo XX. Once novelas conforman el ciclo de Carter y veinticuatro el de Tarzán, a las que hay que sumar otros ciclos de novelas de ciencia-ficción, aventuras exóticas y el Oeste.

El rey de la selva tuvo una larga vida mediática en forma de películas, seriales radiofónicos y series televisivas que va de 1918 a 2005. John Carter, en cambio, ha tenido que esperar un siglo para ser llevado a la televisión en 2009 y al cine en 2012. No ha tenido suerte. Y sigue sin hallarla porque, pese a tenerlo todo a su favor, esta película no le hace justicia. Lo tenía todo a favor porque sumaba un presupuesto de vértigo y un realizador de inmenso talento ligado a esa reserva de la creatividad cinematográfica que es Pixar. Andrew Stanton, el director de la prodigiosa Wall-E, manejando muchos millones para cumplir su sueño de filmar las aventuras de John Carter, uno de los héroes de su adolescencia, prometía mucho. Pero es sabido que los sueños pueden ser también pesadillas y que no es infrecuente que se incumplan las promesas.

En este caso no se llega a la pesadilla, porque la película es espectacular y entretenida pese a su larguísimo metraje. Pero tampoco se cumple la promesa implícita en la unión de los nombres de Burroughs, Stanton y Pixar. ¿Qué ha fallado? La estructura, los cimientos: el guión en el que además del propio Stanton interviene Michael Chabon, todo un premio Pulitzer. A veces la suma de talentos no produce el resultado apetecido. ¿Por qué se ha producido este fallo? Tal vez por un erróneo entusiasmo y respeto hacia el original que podría haber llevado a Stanton y a Chabon a respetar en exceso una novela que, pese a tener su gracia, adolece de un excesivo esquematismo en personajes, diálogos y situaciones.

Un guión tan elemental, aunque se trate de jugar a un voluntario naif, revestido con tan poderosos medios y tan lujosos ornamentos digitales, necesariamente da lugar a una película desequilibrada. Pese a ser entretenida, visualmente atractiva y muy espectacular en la recreación de las fantásticas criaturas o los combates, John Carter se tambalea a causa de su arriesgada apuesta por mantener la simplicidad original de la novela -un siglo después de su publicación- revistiéndola de las más avanzadas técnicas. Podría haber sido simpática esta apuesta por la simplicidad, pero habría exigido el arriesgado ejercicio de construir una imagen también naif en vez de tan tecnológicamente sofisticada. Quién sabe. Construir lo simple es muy complejo.

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