crítica cine

Celebración de la vida

RIchard bona & Mandekan cubano

Festival de Jazz en la Costa. Aforo: 1500 personas. Intérpretes: Richard Bona.

Richard Bona es uno de los artistas favoritos del Festival de Jazz en la Costa gracias no solo a sus extraordinarias cualidades como músico, que son indudablemente las de un virtuoso, sino también al buen rollo que transmite con cada una de sus actuaciones y el contagioso buen humor con que las afronta.

Desde su primera visita, cuando tuvo que advertir a un estupefacto público "no lo olviden; me llamo Richard Bona", aún camino de convertirse en una estrella mundial, tiene cautivado a los asiduos del festival de Almuñécar. De modo que con esas credenciales no era de extrañar que su concierto fuera uno de los más sólidos candidatos al lleno absoluto que vivió el martes por la noche el Parque del Majuelo. Si a ello se suma que en esta ocasión venía acompañado de un sexteto cubano, el Mandakan Cubano, y una propuesta especialmente basada en la rica tradición de la isla, otra garantía de éxito entre los habituales del certamen sexitano, el éxito estaba más que garantizado. Y a pesar de ello, y de que en los varios momentos en que con mayor decisión la banda se entregaba a tocar son, conga y cha-cha-chá -o cualquier otro ritmo afrocubano-, el público se venía arriba y se entregaba sin remilgos a mover la cadera y gastar suela, su actuación adoleció de cierta dispersión. Porque como dicen, quien mucho abarca poco aprieta, y el bueno de Bona quiso estar en muchas partes al mismo tiempo. En Cuba, sí, por supuesto, pero también en la Costa Occidental de su África ancestral y hasta en Jerez de la Frontera, de donde dijo ser originario, para regocijo general. Así es Richard Bona, un cachondo irredento que igual afirma llamarse Michael Jackson que realiza un ejercicio de deconstrucción con el Nat King Coleano Quizás, Quizás, Quizás más en clave de broma musical que de homenaje. Como el charlatán con muchas ferias a sus espaldas, el camerunés -el Camerunés de la Isla, podríamos decir cuando se pone flamenco- controla los códigos de la comunicación entre el escenario y el patio de butacas con maestría, se conoce a la perfección todos los trucos y aviva zalamero esa llama permanentemente.

En lo estrictamente musical, el concierto basculó entre las partes más genuinamente cubanas, con temas como Bilongo, Cubaneando o Santa Clara con Montuno, que como queda dicho despertaron al sensual bailongo que cada espectador llevaba dentro, incluso cuando el bajista se atrevió a cantar en castellano rodeado de una banda de cubanos castellanoparlantes, e irresistibles como suenan las congas, los timbales y las tumbadoras cuando las golpean las manos cubanísimas de los hermanos Luisito y Roberto Quintero, el acercamiento al flamenco gaditano que realizó junto al guitarrista Antonio Rey en una especie de bolero aflamencado, y el resto de temas, como Kivu/Suninga, más específicamente africanos y que le sirvieron para lucirse soleando al tiempo que hacía diabluras con su bajo eléctrico.

En esa celebración de la vida que es cada una de sus actuaciones, el público levantado de sus asientos pidió regalo y Bona lo concedió con una recreación de Te Dikalo, un tema de su álbum de 2008, Bona Makes You Sweat, que cantó en duala, el dialecto bantú de la zona donde creció. Una vez más Richard Bona dejó el listón de la satisfacción en lo más alto del Festival de la Costa.

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