Crónica de un disco esperado

Juan Pinilla, profeta en su tierra donde los haya, reunió en torno suya a un gran número de representantes del flamenco, de la cultura y de la política granadina, para presentar su primer disco, fruto del prestigioso premio Lámpara Minera que obtuvo en el Festival Internacional de Cante de las Minas en la edición del pasado año. Todos quisieron estar presentes, todos quisieron apoyar a este joven cantaor de Huétor Tájar que tan alto lleva el estandarte de su tierra, del flamenco puro y de la amistad. Tras unas sentidas palabras de protocolo de la mano del alcalde de Armilla, de la diputada de Cultura y del presidente de la peña La Platería, que oficiosamente aparecía como padrino del artista, se dio paso a una muestra en vivo del contenido del disco.

Arropado por su inseparable Luis Mariano a la guitarra y Encarni y Antonia Heredia a las palmas, Pinilla comenzó con la soleá Al aire de Graná, que encierra la caña en su interior, autoría de Paco Moyano. La emoción le embarga y la trasmite. La tensión de ver un teatro lleno, hasta la bandera, de amigos, de incondicionales, de admiradores, le hacía supeditar su cante a sus sentimientos. Como resultado, no escuchamos al mejor Pinilla, pero si al más sentido y verdadero. Un recital que abordó con las entrañas, en el que ofreció su corazón troceado en una bandeja de plata.

Su segunda entrega vino en forma de cantiñas, con ese comienzo semi hablado para lanzarse sin miedo entre las sales de la Bahía. Mucho le debe a Chano Lobato en este cante, mucho le debe a Calixto Sánchez. No sólo canta, sino que interpreta el cante. Parece que se va a salir de la silla. Baila con cada fraseo. Un tremendo Curro Albayzín introduce las granaínas con un recitado, mientras Luis Mariano le entresaca los mejores trinos a su guitarra, la cual debe estar agradecida por ser acariciada por esas manos. No me equivoco si tildo la actuación del tocaor como la mejor de la velada. Juan dice que es de ley cantar por levante, pues de allí le ha venido el premio, pero su dominio, conocimiento y tesitura en general, hacen imprescindibles estos aires en su repertorio.

Para los tangos, con los que cierra su repertorio, cuenta con la voz de Curro y el baile de Jara Heredia. Unos pasos que rezuman Sacromonte y complicidad. Los coros de Antonia y Encarni Heredia son tan sorprendentes como agradecidos. Antes de marcharse, en forma de bises al natural, llegaron un poquito más de tangos y cuplé por bulerías, acompañado de una graciosa pataílla.

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