Desbrozando canciones

Fonorama. Lugar: Teatro Isidoro Máiquez. Fecha: 24 de febrero de 2010.

La primera de las dos citas de esta semana con el ciclo musical estable Fonorama fue protagonizada por Bill Callahan, el músico de Maryland que desde 1988 viene construyendo un artesanal cancionero caracterizado, en lo musical, por una casi total eliminación de los aspectos accesorios y, en lo relativo a los textos, por un procedimiento similar: desentrañar los sentimientos mediante una expresión sencilla.

La actuación de Bill Callahan ocupó el tercer y último acto de una representación que dio comienzo con la presentación, sólo un par de temas, de To the breathing world, el sorprendente disco de debut de Neal Morgan, cantante y percusionista, un cantautor que, como Callahan, explora la complejidad de las relaciones en canciones en las que su voz cuenta con el único acompañamiento de la batería.

El segundo acto fue el de la actuación de Marina Gallardo, áspera cantautora y/o delicada rockera, cuyo disco de debut, Working to speak ha cosechado excelentes críticas en un momento más que complicado.

Tercer acto. Neal Morgan vuelve a sentarse a la batería para acompañar la guitarra y la voz de un Bill Callahan que repasó la mayor parte de su último disco, el aclamado Sometimes I wish we were an Eagle (2009) y recordó algunas de las canciones del repertorio de Smog (brillante Sycamore). La repetición, a la guitarra, de sencillas estructuras y, en particular, la prodigiosa voz de Callahan, son la base de unas canciones que nos remiten, directamente, a otros intérpretes como Kurt Wagner, de Lambchop; e, indirectamente, a Will Oldham o Mark Kozelek. Evitaremos las odiosas comparaciones para destacar la capacidad de Callahan para atraer la atención y provocar la emoción en la mayor parte del público que abarrotaba el teatro, con la única ayuda de una batería, una guitarra y el absoluto dominio de una voz muy especial en la que un puñado de historias sencillas ( con piezas como Too many birds, The wind and the dove, o la magnífica Rock bottom riser) alcanzan una dimensión emocional nada frecuente.

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