Fortuny, el artista solapado por el modisto

  • El creador nacido en Granada diseñó el vestido 'Delphos', lo que relegó a la oscuridad sus inventos y sus cuadros

Con uno de los imaginarios más genuinos de su tiempo, Mariano Fortuny y Madrazo fue pintor, fotógrafo, inventor y diseñador del vestido Delphos, una obra que relegaría a la oscuridad el resto de su vasto legado, y que el libro Mariano Fortuny, arte ciencia y diseño, retrata en su plenitud.

Perteneciente a una de las familias más famosas de pintores españoles del siglo XIX, el desconocimiento de Fortuny por parte del gran público se debe en parte a esa personalidad ecléctica, tocó muchos palos "y en la historia del arte y del diseño, el artista inclasificable se pierde", explica Guillermo de Osma, galerista y autor de esta biografía.

Muchas son las aportaciones a la historia de este artista, hijo del genial Mariano Fortuny, que nació en Granada (1871), aunque pasó la mayor parte de su vida en Venecia, hasta su fallecimiento (1949). Entre sus inventos se encuentran desde un sistema de iluminación que revolucionó el teatro de su tiempo, hasta una peculiar técnica para plisar la tela del vestido Delphos, pero también cultivó la pintura, el grabado, la fotografía o el diseño textil. "Lo difícil es separar las facetas del personaje. La pintura le lleva al teatro, el teatro a la luz y a los trajes, y los trajes y las telas de vuelta al color y la pintura", señala De Osma, que se quedó totalmente seducido de este personaje al descubrir unos grabados suyos cuando era estudiante de historia del arte.

Pero Fortuny se consideraba "ante todo un pintor", añade el galerista, que retrata todas y cada una de las facetas de este "alquimista" del siglo pasado a través de 300 páginas, acompañadas por multitud de documentos gráficos. La obra por la que sería recordado a lo largo del tiempo sería por el Delphos, un precioso vestido hasta los tobillos, confeccionado en tela plisada, que se pegaba al cuerpo, y que estaba hecho con una peculiar técnica -el plisado Fortuny- y teñido en preciosos colores -azules índigo, verdes esmeralda o naranjas-, en un proceso que los expertos han sido incapaces de reproducir. "Es un traje intemporal, sensible a la luz y al movimiento. Quizás el único vestido que trasciende el campo de la moda para convertirse en una obra de arte", argumenta De Osma.

Además de su belleza estética, este diseño "respetaba las formas del cuerpo femenino", lo cual supuso toda una revolución para la libertad de la mujer y la moda de su tiempo, marcada por los corsés y la ropa incómoda.

Actrices y bailarinas de la época como Sarah Bernhardt o Isadora Duncan dieron fama a este diseño, aunque también lo han llevado Lauren Hutton o Lauren Bacall. Una pieza cuya vigencia y relevancia le ha hecho ingresar en las vitrinas del Victoria and Albert Museum (Londres), el Museo del Traje o el Smithsonian Institution de Washington.

Este diseño, que luego acompañó con ricos y primorosos abrigos hechos en terciopelo estampado, fue su gran éxito comercial y la obra que le convertiría en referente de la historia de la moda, aunque su universo creativo y técnico es mucho más amplio.

Junto a otras aportaciones técnicas, su trabajo "en la reforma de la escenografía teatral fue fundamental para su tiempo", gracias a la creación de un sistema de iluminación indirecta y la famosa Cúpula Fortuny, que adoptaron escenarios como la Scala de Milán, resalta De Osma sobre un personaje "tímido y sencillo".

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