Harry Christophers, un mago del sonido

Programa: G. F. Händel, Obertura de 'Hércules' HWV 60; A. Vivaldi, Sinfonía 'La Dorilla in tempe' RV 709; J. S. Bach, Suite núm. 1 en Do mayor BWV 1066; F. J. HAYDN, Sinfonía núm. 83 en Sol menor 'La poule' Hob. I/83. Orquesta Ciudad de Granada. Director: Harry Christophers. Lugar y fecha de celebración: Auditorio Manuel de Falla, 20 y 21 de febrero de 2015

Harry Christophers, principal director invitado de la Orquesta Ciudad de Granada, visitó Granada un año más para regalarnos su magia, pues este director consigue transformar nuestra orquesta en un perfecto instrumento, adaptable a diferentes estilos según la obra y autor que interprete. El buen gusto y la elegancia son sellos inconfundibles de su dirección, basada en un gesto discreto pero efectivo y en un profundo conocimiento del repertorio. Por ello, y porque Harry Christophers tiene cautivado con su arte el corazón musical de muchos espectadores habituales de la OCG, el concierto de este fin de semana resultó perfecto en todos los sentidos.

La ya sobradamente conocida trayectoria como director de música antigua de Harry Christophers se hizo evidente en un programa que, con obras de Händel, Bach, Vivaldi y Haydn, fue toda una muestra de rigor y coherencia interpretativa, al aplicar a cada obra los criterios historicistas oportunos. No en vano, Christophers dirige la Boston Händel and Haydn Society, una de las más prestigiosas asociaciones en la recuperación y difusión del repertorio del siglo XVIII.

Precisamente con una obra de Georg Friedrich Händel, la Obertura de Hércules, se abrió el programa. Esta obertura, con una sección lenta inicial y una más rápida intermedia, es un claro ejemplo del modelo de obertura que Händel utilizó en su producción. La cuidada digitación de las cuerdas y el pulso medido y exacto, verdadero motor del sentido rítmico de la obra, evidenciaron el buen trabajo de Harry Christophers al frente de nuestra OCG, una formación dúctil y versátil que sabe aprovechar al máximo la presencia de un gran director al frente de ella.

La primera parte del programa se completó con la Suite núm. 1 en Do mayor de Johann Sebastian Bach, una de las más conocidas obras orquestales del compositor alemán. Harry Christophers acometió la interpretación de esta obra con un preciso sentido de la métrica, enfatizando los necesarios contrastes entre las distintas danzas de la suite sin brusquedad y con una aparente sencillez que hizo fluir cada melodía con delicadeza y elegancia. Las cuerdas empastadas y equilibradas se vieron completadas con una maravillosa interpretación por parte de los vientos de nuestra orquesta, que recibieron una prolongada ovación del público.

La segunda parte se abrió con una pequeña joya sonora, la pequeña Sinfonía La Dorilla in tempe de Vivaldi, en la que el compositor veneciano carga las tintas en las cuerdas con un intrincado juego de imitaciones y pregunta-respuesta muy de su estilo; a muchos sorprendió la reutilización que el autor hace del material melódico de La Primavera en el último movimiento del concierto, magistralmente interpretado en attacca por el director.

Para cerrar el concierto, Harry Christophers escogió una obra clásica de Franz Joseph Haydn, un compositor que en los últimos tiempos ha ocupado buena parte del trabajo de investigación interpretativa del director. La revisión de la obra de Haydn, incluso la grabación de varias de sus sinfonías y su interpretación en el Palacio Esterházy en el Haydn Festival, avalaban la interpretación dentro del programa de la OCG de la Sinfonía núm. 83 en Sol menor La poule, que fue simplemente memorable. El equilibrio de los tempi, el cuidado en el perfilado de cada línea melódica, la habilidad para mantener en toda la obra la pulsación precisa y el balance sonoro adecuado y, por supuesto, el buen gusto de su dirección, convirtieron a la OCG en el instrumento perfecto para esta sinfonía, en la que nuevamente destacaron los vientos por su magnífica labor.

Verdaderamente, Harry Christophers es un director de los sentidos, pues su gesto equilibrado y oportuno cautiva la mirada de los espectadores a la par que el resultado sonoro embelesa el oído, convirtiendo la velada en un concierto excepcional.

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