Kenny Garret. Saxofonista

"Intento transmir las lecciones que aprendí de los más grandes"

  • Garret lleva esta noche a Almuñécar el jazz de la vieja escuela. Se formó de manera autodidacta.

Hijo de un carpintero que en sus ratos libres tocaba el saxo tenor, Kenny Garrett representa a la que probablemente sea la última generación de jazzmen de la vieja escuela, la que pudo aprender junto a los grandes del género, de Art Blakey a Miles Davis, de Cannonball Adderley a John Coltrane, compartiendo sus mismos códigos y creciendo a su imagen y semejanza. Como ellos, Garrett se formó de manera autodidacta, sin pasar por ninguna academia, como es norma es casi todos los músicos desde hace cuarenta años. En su caso fue, siendo aún adolescente, en el seno de la escena jazzística del Detroit de los años setenta, no tan vigorosa como lo había sido una década antes, pero aún viva e intensa en los años inmediatamente anteriores a la decadencia que acabaría por despoblar y llevar a la bancarrota a la ciudad más poblada de Michigan y uno de los motores económicos del país gracias a su industria automovilística. Su veloz fraseo y su versatilidad, que lo convertían en un músico capaz de adaptarse a múltiples estilos, le valieron su ingreso, antes de cumplir los veinte años, en la orquesta de Duke Ellington, y antes de debutar como solista en 1984, una vez que había trasladado su residencia a Nueva York, ya había formado parte de las bandas de Miles Davis, de Art Blakey, de Freddie Hubbard o de Woody Shaw. Sobre su experiencia con estos maestros y su visión de la expresión musical nos deja algunas de sus reflexiones antes de subirse, esta noche, al escenario del Festival de Jazz en la Costa.

-Usted tocó en los Jazz Messengers de Art Blakey y en el grupo de Miles Davis, dos bandas que eran casi academias de jazz ¿es ahora su turno de enseñar?

-Yo intento hacer lo mismo con el mío, transmitir a los músicos las lecciones que aprendí de los grandes. Siempre le agradeceré a Miles Davis esos cinco años en su grupo en los que tuve la oportunidad de tocar solos de 10 ó 15 minutos. ¡Pocos líderes te dejan hacer algo así!

-También ha trabajado con muchos grandes músicos de todos los ámbitos: de Kenny Kirkland a Miles Davis, de Peter Gabriel a Sting, ¿con quién más le gustaría trabajar?

-Me hubiera gustado poder hacerlo con BB King y con Prince o con McCoy Tyner y Bobby Hutcherson. He trabajado con los dos, pero me gustaría trabajar con Bobby y McCoy juntos. Esos hombres son como mis héroes musicales. Tengo una cita en un disco en la que propongo a Bobby Hutcherson para presidente.

-Sus comienzos fueron de joven ferozmente diestro, ¿le costó deshacerse de esa imagen de virtuoso para ser un creador más completo?

-Siempre he hecho la música que oía en mi cabeza, incluso cuando sólo se fijaban en mí como instrumentista veloz. Mi primer objetivo era poder tocar cualquier tipo de música, estar preparado por si me llamaba Sting o la Orquesta Sinfónica de Nueva Jersey. Con el tiempo quise hacer música con la que me sintiera conectado espiritualmente.

-Dice 'espiritualmente'… hablando con usted siempre llegamos a John Coltrane.

-En primer lugar, sólo hay un John Coltrane, pero el espíritu de su música es lo que trato de seguir viviendo. La primera vez que se acaba de aprender a un músico nunca se sabe cómo se llega a él pero luego siente uno que es una responsabilidad portar su nombre. Algunos de los músicos mayores que son mis héroes están llegando a la edad en la que se están retirando o no están bien de salud, nosotros tenemos la responsabilidad de llevar su música a otras generaciones, como es su caso, de la que todavía aprendo mucho. Tengo la responsabilidad de asegurarme de que los jóvenes que toquen conmigo entienden mi concepto acerca de la música, y que puedan transmitir todo lo que pienso a las personas que me rodean y a la gente que quiere escuchar. La mayor parte de las historias que he oído han sido acerca de su enfoque y su determinación, se sentía como si hubiera un sentido de urgencia para él, como si no tuviera tiempo, y así fue. A mí esa sensación me resulta muy motivante para hacer cosas, muchas.

-Pero ahora ya se aprende el jazz en los Conservatorios y las Universidades.

-Sí, es distinto. Muchas veces creo que lo que los músicos tratan de hacer es llenar un vacío entre una tradición y su actualidad. Veo que prosperan bien porque aprenden las partes técnicas y también pueden oír la raíz en las voces de la vieja generación de músicos que todavía viven. Conocen la historia y saben con quiénes quieren tocar, pero a menudo no dedican tanto tiempo a aprender de sus mayores como cuando yo empezaba. He escuchado por ejemplo a Robert Glasper, yo creo que está haciendo lo que tiene que hacer, modificar una base para luego tratar de encontrar sus propias cosas. Grabé un disco donde hice algo que se llama When I Start, donde yo estaba tratando de mezclar el hip-hop con el jazz, pero realmente no me puedo poner en su situación, ese es su camino y creo que Robert ha tenido éxito con eso. Él tiene esa raíz, que es también de este país, es suya, es su base, y sus relaciones son con personas como Bilal y Lalah Hathaway más que con gente del be bop, o el ragtime.

-Usted asegura que la música tiene poderes sanadores…

-Sí, creo que la música es la curación de las personas, porque yo escucho a la gente cómo lo describe. A veces, es difícil para ellos, lo notan, saben que es algo que está ocurriendo pero no saben qué es. Art Blakey solía decir: "La música es del creador, para el músico, la audiencia… y tratamos de conectar a las personas, a través de la música, y por medio del espíritu". Tratamos de evocar todas estas emociones diferentes, y creo que tenemos éxito porque la gente responde en todo el mundo. Y para que la gente de todo el mundo responda a la misma música, es que tiene que ser un poder universal.

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