Luz para una casa a oscuras

  • Javier Bozalongo presenta su último poemario en la Casa de los Tiros, un tratado sobre el hombre y la ciudad en el que recorre las habitaciones de su vida

La casa de Javier Bozalongo está a oscuras. Y no hay reclamación posible a Sevillana. El poeta afincado en Granada traza en su nuevo libro un autorretrato al portador, un tratado urbano sobre el hombre del siglo XXI que vive a tientas. "El título al libro lo utilizo como metáfora, recorrer las habitaciones de una casa que son como las habitaciones de una vida", explicó el autor de La casa a oscuras poco antes de la presentación en la Casa de los Tiros. "El que apaga la luz no siempre busca el sueño", dice al comienzo de Luz, contraluz ahondando en las tinieblas.

La claridad viene en los homenajes que hace a sus autores de cabecera, como Luis García Montero, Ángel González o Jaime Gil de Biedma. A este último lo cita en La realidad, cuando afirma que "ya no seré ni joven ni poema". "En el primero de los casos porque olvidé hace tiempo los cuarenta, en el segundo por no ser Gil de Biedma".

Para escribir sobre Ángel González vierte un güisqui al comienzo de la segunda estrofa. "Ángel tenía un poema muy divertido en el que decía que no se puede ser un joven poeta a los cuarenta, algo que en mi caso, que empecé a publicar a esa edad, está muy presente", explica Bozalongo. "Es bueno reconocerte en la gente que te ha precedido y el poema de Ángel casi lo ha escrito él porque juega con títulos de sus poemas y con cosas que siempre contaba, como lo de verter el güisqui en vaso bajo para no verterlo al calor de las discusiones", continúa.

La casa a oscuras tiene a un inquilino distinguido en la contraportada, el poeta mexicano José Emilio Pacheco, Premio Cervantes y segundo Premio Lorca de Poesía. Pacheco define a Bozalongo como "un poeta nuevo que al mismo tiempo escribe con el aplomo y la fluidez de quien lleva mucho tiempo en sus transacciones con la realidad". "Partiendo de cosas biográficas, que es lo que yo sé hacer como poeta, busco algo que pueda ser un sentir general con la gente de mi generación o del sitio donde vivo, decir esto es lo que ha pasado hasta ahora y busquemos un punto de partida", explica Bozalongo, quien no califica La casa a oscuras como un libro triste pese a guardar imágenes como "recuerdos con la cara pegada a los cristales, como los niños pobres frente al escaparate de las jugueterías". "Me gusta cerrar con fuerza los poemas, de manera contundente, para que el lector saque sus propias conclusiones, encontrar una imagen certera porque la poesía, más que un ejercicio de creación, es un ejercicio de poda, decir lo suficiente pero sin decirlo todo porque, si no, no sería un poema", continúa. Un ejemplo es Mantel de versos: "Los poetas se quitan la chaqueta/ en cuanto se acomodan en la silla. /Los políticos apenas se aflojan/ la corbata, mientras eligen vino (...) Mientras piden café recogen votos/ mientras recogen versos piden tiempo". Un tratado social en unas cuantas líneas.

Javier Bozalongo. Editorial Visor. Madrid, 2009. 70 páginas.

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