literatura

Muñoz Molina, el manual de las 'buenas letras'

  • El escritor ubetense pasa a formar parte de la Academia de las Buenas Letras de Granada, que reconoce su trayectoria como intelectual y su importancia en esta ciudad

Muñoz Molina, el manual de las 'buenas letras' Muñoz Molina, el manual de las 'buenas letras'

Muñoz Molina, el manual de las 'buenas letras'

¿así que quieres ser escritor? se preguntaba Charles Bukowski. El genio de las palabras que por etílicas y sudorosas no las tomaban del todo en serio lo tenía muy claro: "Si no te sale ardiendo de dentro, no lo hagas". ¿Pero de dónde salen las buenas letras? ¿Existe el mecanismo divino del genio? Ésta fue la primera cuestión que Antonio Muñoz Molina lanzó ayer a su público en la Facultad de Filosofía y Letras. El que ayer mismo fuera recibido como Académico Honorario de la Academia de Buenas Letras de Granada, por la mañana se enfrentó a todo un aula Magna repleta de esos genios en potencia, muchos de ellos posiblemente con el deseo de llegar a ser algún día escritor.

Por la tarde el discurso de toma de posesión tenía por nombre Una novela en Granada, título casi obligado si quien lo pronuncia es un ubetense que acaricia esta ciudad como a su musa. Primero desde que llegara para estudiar Historia del Arte en la UGR y luego cuando en los ochenta comenzara a publicar artículos en prensa de los que saldrían sus dos primeros libros que recopilaban esas columnas, El Robinson urbano (1984) y Cuaderno del Nautilus (1985).

El discurso de toma de posesión del escritor tuvo como título 'Una novela en Granada'

A Muñoz Molina se le reconoce allende sus tomos, lomos y páginas por su claro compromiso social -imprescindible el libro Todo lo que era sólido- que le distingue como pensador y maestro. "Uno de los espectáculos más tristes es ver cómo las capacidades se frustran", diría ayer por la mañana en su conferencia en Letras, acompañado por la rectora, Pilar Aranda, por el decano de dicha Facultad, José Antonio Pérez Tapias, por el catedrático de Literatura Antonio Chicharro.

Consejo tras consejo, el escritor de La noche de los tiempos desgranó un oficio que, como diría Don Delillo, "es el más conveniente del mundo" porque sólo se necesita un lápiz y un papel. Pero eludiendo el camino fácil que lleva al halago de lo propio, Muñoz Molina comenzó con una denuncia : "¿Cómo se hace una vocación?", la primera reflexión sobre la vocación tiene que nacer de la que se plantee a cerca de la justicia social. Con palabras que desconcertaron a muchos, como que "el mito del genio es una falacia", el ubetense rompió el primero de los espejismos: sin las posibilidades mínimas de igualdad posiblemente el genio no se desarrolle. Pensemos, dijo, cuántas mujeres o gente pobre -o mujeres pobres para más inri- han dejado escapar su vocación por la injusticia social.

Partiendo de este punto, ¿cómo se llega a ser escritor? Muñoz Molina comenzó ayer con la más básica de las nociones. La primera de las claves es "leer de manera viciosa, voraz y sin prejuicios". Sin volver la cabeza hacia "lo que se supone que hay que leer, lo más cool" y teniendo claro que a la hora de elegir una lectura hay que dejarse llevar por la pasión y por el propio criterio. Después de eso llega el momento de desmontar el libro, aprehenderlo y saber cómo funciona.

En la siguiente premisa para quien quiera lanzar 'buenas letras' se volvía a repasar los versos de Bukowski "Si primero tienes que leerlo a tu esposa/ ó a tu novia ó a tu novio/ ó a tus padres ó a cualquiera,/no estás preparado. El ubetense lo explicó a su manera, pero el contenido fue el mismo: "hay que escribir sin miedo", abandonándose por completo, algo bueno que tiene la literatura, dijo, es que no le hace daño a nadie. Para escribir se aprende escribiendo, en absoluta soledad y sin prisas por mostrarlo, "un libro es algo que se hace mientras se escribe" y puede ser que las opiniones, buenas o malas, lo frustren.

Después de recomendar el libre albedrío de las pulsaciones por minuto sobre el teclado -aunque otro de los consejos fue que se escribiera a mano, que invita a la irresponsabilidad-, el literato llamó a la cautela y a la contención. Generalmente se escribe de más, sentenció, "hay que escribir abandonándose y luego ver qué sobra". En este punto la autocrítica es fundamental, es importante releerse -si puede ser en voz alta para que la musicalidad del habla dé el estoque- y ver "si ese adjetivo lo has puesto tú o la rutina de la lengua".

Todo un auditorio sintió ayer las cosquillas de la literatura en el estómago. Muchos, seguro, correrían a la biblioteca o librería a hacerse con El invierno en Lisboa y, quizás, muchos genios despertaron con este manual de las buenas letras.

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