Noche de goles y rock and roll

Dicen que la necesidad agudiza el ingenio y frente a la crisis la Sala El Tren ha decidido al menos echarle imaginación. Ante la posibilidad de que la selección restara asistencia al concierto del miércoles, los programadores decidieron que en lugar de esperar a que el público acudiera a la sala una vez terminado el encuentro, iba a ser mejor televisarlo en la propia sala. El experimento salió bien y cuando el grupo telonero tomó el escenario la sala no sólo estaba llena, sino que los goles de España habían contribuido al buen ambiente. No eran demasiado conocidas por aquí The Ettes, pero dejaron muy buena sensación con su propuesta, un vigorosa mezcla de actitud pop, fuerza garagera y velocidad punk. Ya el nombre daba ciertas pistas. En los inicios del rock and roll surgió la tradición de bautizar a las acompañantes femeninas que hacían los coros a algunas estrellas con nombres acabados en 'ettes' que incluían en la raíz el nombre de su mentor: así las Ikettes acompañaban a Ike Turner, las Raelettes a Ray Charles o las Ronettes fueron lideradas por Ronnie Spector y protegidas de su marido Phil Spector. The Ettes rinden homenaje a esa etapa y al tiempo suponen una emancipación al eludir raíz alguna. Originarias de Nueva York pero afincadas en Los Angeles, Lindsay 'Coco' Hames a la guitarra y la voz, Maria 'Poni' Silver a la batería y el bajista Jeremy 'Jem' Cohen conforman un power trío de garage punk capaces de tocar rock de ascendente stoniano, con la crudeza de los Stooges y la sofisticación de Nancy Sinatra. Sin duda fue un inmejorable aperitivo para la actuación de The BellRays, que dieron un concierto sin concesiones ni respiro, rock duro de alta graduación como hacía tiempo que no se veía por aquí. Desde que fueran la revelación del South by Southwest de Austin, Texas, uno de los más importantes festivales rockeros de los EEUU hace ahora diez años, el grupo no ha dejado de patearse escenarios del mundo entero con su incendiario directo. Algunos ya los conocían y sabían muy bien lo que les venía encima. Otros esperaban ansiosos su primera vez y ninguno salió defraudado. La furia de Bob Venuum a la guitarra, la contundencia de Craig a la batería y el oficio del nuevo bajista, eran suficientes para poner en funcionamiento una maquinaria de destilar crudo rock and roll de la escuela de Detroit. Por encima de ellos tres la incansable Lisa Kekaula, dotada por igual para el acento soul y para la rabia del rock vertiginoso. Si en un laboratorio hubieran tratado de crear un engendro con el adn de James Brown, el de MC5 y el de todo el punk de California no les habría podido salir algo mejor que The BellRays.

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