Sinfonía de Hermanas

  • Un brillante concierto de las hermanas Labèque con la OCG dirigida por Andrea Marcon le pone el broche de oro al ciclo del Carlos V.

Comenzar un concierto con la obertura de La flauta Mágica de Mozart siempre crea un halo de buenas vibraciones. Y así ocurrió ayer con una Orquesta Ciudad de Granada generosa en su sonoridad, expresiva en los matices y llena de energía dirigida por Andrea Marcon.

Tras esta pieza tan atractiva llegaron las hermanas Labèque, que provocan mucha expectación empezando porque físicamente son muy parecidas. Impactaron con sus vestidos largos, idénticos, de color negro hasta los pies, llevaban el pelo suelto hasta la cintura. Una media luna plateada adornaba el escote de una de ellas. Era lo único que las diferenciaba. Abordaron el Concierto para dos pianos y orquesta núm. 10 en mi bemol mayor, KV 36 de Mozart. Las fuentes no están muy claras, pero parece que se estrenó en Salzburgo en 1779 con Mozart y su hermana Nannerl como solistas. La cuestión es que las hermanas Labèque interpretaron el concierto con el espíritu que Mozart lo creó, el de un interesante diálogo entre los dos pianos. Sin rivalidad, sin necesidad de imponerse la una a la otra, la partitura discurrió como un agradable río con un caudal de agua fresca que enamoró al público. Buena sintonía con la Orquesta Ciudad de Granada que ejerció su papel de acompañante, brillando en los pasajes de tutti. Un fecundo intercambio musical, alegre y jovial la mayor parte del tiempo, excepto cuando los pianos adoptaban un tono más melancólico y nostálgico. Bonita pieza que cerró la primera parte.

En la segunda parte, llegó la famosa Sinfonía núm. 5 en do menor, op. 67, de Beethoven, conocida como Sinfonía del destino.

Una obra llena de fuerza que marcó el contraste con la jovialidad de Mozart. El genio de Beethoven la denominó Sinfonía del Destino porque es su forma de trasladar a una partitura la manera como el destino puede llamar a la puerta de una persona para bien o para mal.

Sin duda, el destino llamó a la puerta de las hermanas Labèque en forma de piano. Con trabajo y talento como base ha llevado a la fama a las hermanas Katia y Marielle, consideradas uno de los dúos de piano más conocidos del mundo.

Abordaron su actuación con la elegancia, singularidad y carisma que las caracteriza consiguiendo el aplauso del público que también se volcó con la Orquesta Ciudad de Granada y su director artístico, Andrea Marcon.

Las Labèque fueron muy efusivas también con la orquesta y dieron una propina de Philip Glass, aunque tras cinco minutos de efusivos aplausos de un público más que entregado, tocaron otro bis.

Un buen concierto que cierra el ciclo del Carlos V hasta el año que viene.

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