Crítica de Cine

Viaje y revelación

Fotograma de 'Camino a La Paz'. Fotograma de 'Camino a La Paz'.

Fotograma de 'Camino a La Paz'. / g.h.

Tan sencilla como voluntariosa, la primera película de Francisco Varone reúne en un viaje por las carreteras de Argentina y Bolivia a un taxista algo atribulado (Rodrigo de la Serna) y al anciano musulmán (Ernesto El Flaco Suárez, toda una revelación) que le ha pedido que lo lleve hasta La Paz para reunirse con su hermano y emprender un viaje hasta La Meca.

Superado el prólogo de presentación y encuentro, la película se centra en el previsible proceso de superación de las diferencias entre dos hombres aparentemente opuestos, uno apegado a la realidad material y a sus pequeños problemas personales, el otro poseedor de una mirada y una dimensión espiritual de la existencia que los convierten en una suerte de maestro y discípulo en las enseñanzas hacia una vida interior plena.

Poco sabemos en realidad de cada uno, argucia que Varone aprovecha para ir desvelando poco a poco algunos aspectos (la enfermedad terminal del anciano) que, en definitiva, los terminan por unir en una amistad sincera entre paradas, encuentros, incorporaciones caninas y accidentes que trufan el viaje de etapas y obstáculos que dejan ver a veces a un guionista algo caprichoso.

Camino a La Paz se impone empero como un filme sencillo, intimista, transparente y humanista, atento al paisaje tras la ventanilla pero sobre todo a esos dos cuerpos que revelan una emoción no por austera y silenciosa menos auténtica.

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