"Si algún dramaturgo escribiera como Valle-Inclán, hoy día lo denunciarían"

  • El Teatro Clásico de Sevilla presenta este fin de semana en el Teatro Alhambra una adaptación de 'Luces de bohemia' a cargo de Alfonso Zurro

  • Refleja "un país donde se sobrevivía, como hoy"

"Valle-inclán hubiera sido igual de salvaje, duro y crítico con la España actual", afirma el dramaturgo salmantino Alfonso Zurro, el encargado de adaptar y dirigir la nueva versión de Luces de Bohemia que el Teatro Clásico de Sevilla representa hoy a las 21:00 -como mañana- en el Teatro Alhambra. La joya de la corona de la literatura dramática contemporánea española, escrita por el dramaturgo y poeta pontevedrés, inaugura el género del esperpento elaborando un preciso retrato de la España de aquel momento. "Un país caduco, antiguo y heredero de la famosa crisis del 98, que se tenía que reinventar como nación", señala Zurro. Los personajes, en palabras del director de escena, "no son héroes, ni tienen ética ninguna, porque tenían que sobrevivir, al igual que ocurre en la España de hoy día".

La obra describe a través de directos diálogos, "que hoy se vetarían en algunas salas de teatro", asegura el dramaturgo, la corrupción y la inutilidad de la clase política de la época. "Se pueden establecer muchísimos paralelismos con esa España camino de la ruina, que se estaba desmoronando precisamente por esa falta de ética, y la de ahora. La obra parece estar escrita antes de ayer", subraya Zurro, que aconseja que "muchos políticos deberían tener Luces de bohemia como libro de cabecera para releerlo de vez en cuando, y para escuchar lo que dijo Valle sobre nosotros mismos como españoles".

El objetivo es "acercar piezas clásicas a un público cada menos acostumbrado a ellas"

El director de escena piensa que "hemos avanzado a nivel tecnológico, pero que hemos cambiado muy poco. La ética es una asignatura pendiente en este país". El dramaturgo dice no comprender por qué la población española no se echa las manos a la cabeza, ni responde, "cuando vemos con qué tranquilidad se miente en el Congreso de los Diputados y ocurren cosas tan fuertes en la esfera política nacional".

Por eso mismo, Zurro cree que Luces de bohemia aporta un granito idea en ese aspecto y va a agitar al público. "Muchas personas que no conocen a Valle-Inclán y que van a ver sus obras porque es un autor famoso se quedan muy desconcertados y se preguntan: '¿Pero esto se escribió hace tanto tiempo?". La famosa escena con el protagonista, un artista marginado pero lúcido llamado Max Estrella, y el anarquista catalán detenidos podría haber sido escrita antes de ayer. "Barcelona alimenta una hoguera de odio [...] Soy lo que me han hecho las Leyes. [...] En España el trabajo y la inteligencia siempre se han visto menospreciados. Aquí todo lo manda el dinero", dice el obrero. Lo interesante del autor de El marqués de Bradomín, señala el director escénico, "es que nos hacer ver estas cuestiones desde otra perspectiva, a pesar de que nos sigan contando el mismo relato político"; y lo más valioso, "sobre todo, es que nos hace pensar".

El argumento de Luces de bohemia está centrado en la vida bohemia, a partir de un hilo conductor: el propio Estrella. El tema central de la obra, por tanto, supone la evocación de la autenticidad de una bohemia heroica y perdida, la reivindicación modernista de una luz entre las tinieblas de la sociedad burguesa. La bohemia es una forma de vida en trance de desaparición, una marginación que supone vivir con pasión el arte, pero también toda la existencia, impregnada de literatura. Valle-Inclán es uno de los primeros autores que fija su mirada en personajes marginales y eso, destaca Zurro, abrió muchas posibilidades en el teatro español. Aun así, el autor no deja títere con cabeza. Monarca, plebeyos, bohemios que no tienen asidero en la vida. Lo verdaderamente desolador del esperpento inicial es, reza la sinopsis, "ese desfile claudicante de gentes sin meta, sin alientos, ni futuro. Todo es una crujiente cáscara. Precisamente esa es la diferencia fundamental entre la crítica valleinclanesca y la de sus compañeros de generación".

La obra será representada por el Teatro Clásico de Sevilla, el mismo que llenó el aforo del Teatro Lope de Vega de Sevilla durante los cincos días de estreno. Su objetivo es "acercar piezas clásicas a un público cada vez menos acostumbrado a ellas. Nos interesan por su valor artístico y literario, porque conectan con el imaginario colectivo autóctono y con el de más allá de nuestras fronteras. Y porque, con el paso del tiempo, encontramos nuevos y ricos matices en ellas".

A la hora de adaptar la obra, escrita con una fuerza descomunal, Zurro dice haberse enfrentado "desde la admiración y el respeto" a "un toro muy grande, un miura impresionante". Tanto que el dramaturgo piensa que "hoy día no hay ningún autor en el panorama del teatro español que sea capaz de escribir las cosas que escribió Valle-Inclán, y si lo hiciera lo denunciarían". Una de las peores cosas que le puede pasar a un creador, reconoce el dramaturgo, es "la censura indirecta, la que cada uno se pone a sí mismo pensando que puede herir y molestar a alguien, o puede suponer una denuncia". Sin embargo, en esta fiel y trabajada adaptación el plantel de actores no se cohibirá. "He respetado por encima de todas las cosas los ágiles diálogos de Valle-Inclán", concluye.

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