El baile desenfadado de Campallo

Otra noche agradable nos trae los Encuentros Flamencos del Corral del Carbón. Aunque el programa doble de la mayoría de los días no acaba de encajar, una actuación notable palia a la anterior con deficiencias. No digo que haya espectáculos de segunda, de ninguna manera. El simple hecho de estar programado en este ciclo, ya es garantía de calidad y de grandes expectativas. Pero hay quien no cuaja en algunos detalles, en alguna propuesta, en su resultado final. Así, la velada del martes contó, en primer lugar, con el guitarrista cordobés Niño Seve. Con buenas dotes interpretativas y una técnica reconocida, comienza por levante, para proseguir por las alegrías, que fueron lo mejor de su recital, y por bulerías, antes de hacerse acompañar por sus músicos. El piano de Juan Antonio Sánchez y la percusión de Miguel Ángel Santiago, del todo prescindibles, más que reforzar al guitarrista, enturbiaban su entrega. El piano tapa la guitarra y la percusión oculta al piano. Con ellos continua su recital con un bello bolero, que quizá sonara trasnochado, unas bulerías y unas rumbas efectistas para terminar. Haría bien este tocaor de acompañarse exclusivamente de dos palmeros y ralentizar un poco sus temas, que la prisa no nos lleva más rápido al buen final.

Rafael Campallo, a continuación, fue un ejemplo de carácter y templanza. Con dos guitarras, sus hermanos, Juan y Mariano Campallo, y tres voces, Jeromo Segura, Juan José Amador, padre e hijo - tal vez demasiados-, Rafael nos propone en primer lugar unas seguiriyas que arrancan con tonás -ole por Jeromo-. Su baile es parco y seguro, desenfadado; lleno de guiños y amagos de toreador. Su comicidad e implicación con el público es de agradecer. Sus mules y sus paseos inacabados dan realce a un bailaor tan asequible como profundo. Si en la seguiriya se apunta la esencia de su lenguaje corporal, es en las alegrías finales, después de un aporte por bulerías de su cuadro, donde encuentra su más clara manifestación. Rafael Campallo ha asistido en varias ocasiones a Los veranos del Corral y es satisfactorio contemplar su evolución, soltura y definida personalidad. Para acabar, de propina, un fin de fiestas por bulerías en el que hace bailar a sus hermanos.

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