"Las canciones de amor pueden hablar de cómo es el mundo"

  • El músico asturiano, una de esas figuras que ha ampliado el espectro de la escena independiente, presenta esta noche en el Auditorio Falla su último trabajo: el EP 'Cómo hacer crac'

Protagonizó sonadas colaboraciones con Enrique Bunbury y Christina Rosenvinge, pero ninguna de ellas llegó tan lejos, en cifras de ventas y de asistencia a sus conciertos, como La zona sucia, su último elepé, de 2011. Un detalle que da una medida aproximada del estatus que ha alcanzado Nacho Vegas en la escena independiente nacional. Esta noche presenta en el Auditorio Falla su último trabajo, Cómo hacer crac, un EP editado por el sello Marxophone y que a diferencia del álbum citado antes, "dirige la mirada un poco más hacia fuera, más hacia el mundo".

-Aun conservando su identidad, sus discos son cada vez más accesibles. ¿Cómo ha llegado hasta ahí, es una evolución meditada?

-Siempre tuve el empeño de huir de lo puramente ornamental. Te pones a grabar y surgen tentaciones, de repente quieres incluir arreglos, hacer cosas bonitas, pero muchas veces lo bonito resulta desastroso para una canción. Y en la composición pasa lo mismo. Es algo que he intentado pulir. Me di cuenta de que me complicaba la vida: retorcía demasiado las canciones. Por eso en estos últimos discos he intentado ser más esencial. Yo creo que una canción ha de ser así; de lo contrario se puede perder en cosas superfluas.

-Antes de publicar bajo su propio nombre, estaba asociado a otra estética, a otra tradición. Fue un cambio muy profundo. ¿Imaginaba que sería tan bien comprendido?

-La verdad es que no. Recuerdo que grabé una maqueta en Madrid, antes de publicar el primer disco, y un amigo de allí, alguien que viene un poco de la vieja escuela, me decía: desengáñate, tienes letras muy largas, nadie se fija en eso. Luego me sorprendió que El ángel Simón, con una letra superlarga, sin estribillos y con una melodía bastante escondida, fuera de las que más llegaba a la gente. Hay música que se puede escuchar de forma muy banal, mientras te lavas los dientes, pero la que a mí me gusta es aquélla en la que me meto. Me gusta hundirme en los discos, digamos, y comprobar que a la gente le pasa algo parecido con los míos me ilusiona, claro. Lo que no me puedo explicar es por qué alguien tiene más aceptación que otro, por qué yo vendo más discos que... no sé, músicos que me encantan. Lo que viene a demostrar que el éxito es una cosa circunstancial.

-Usted colabora con la Fundación Robo [invitada a la próxima edición del festival Zemos98] y tiene un discurso político bastante rotundo. No es lo que ocurría en la escena de los años 90: la mayoría de los grupos parecían ensimismados, ajenos a estas cuestiones, como si hablar de política fuera vulgar...

-Había una desafección total, sí. Los que hacían música, pero también la mayoría de la gente, se refugiaban en una actitud un tanto cínica y condescendiente. Era una especie de élite vanguardista un poco estúpida, la verdad. Dicho esto, es la generación a la que yo pertenecía. Creo que se sigue arrastrando eso, pero se ha tomado algo más de conciencia. Lo que está claro es que tuvo un efecto desmovilizador, y durante esos años se pusieron en marcha las políticas neoliberales que nos han llevado a la situación actual, prácticamente insostenible. Yo creo que la música debe reflejar su tiempo. Parece que en la literatura o el cine eso se da más por descontado, como si la música fuera por naturaleza más evasiva y sólo debiera hablar de relaciones personales. Pero al final las relaciones laborales y sociales afectan a nuestras relaciones emocionales. Así que incluso las canciones de amor pueden hablar de cómo es el mundo, y eso es una cosa que alguien que hace música está obligado a reflejar.

-Hace algún tiempo dijo que la voz es lo peor de sus discos. ¿Tiene ya una mejor relación con ella?

-Es una relación de amor-odio. Cualquiera que pueda cantar, por muy limitado que sea su registro, y el mío lo es, descubre que tiene un montón de posibilidades; hay que saber buscar una manera propia de interpretar, que no sea impostada, para dar vida a las canciones. Poco a poco me he ido sintiendo más cómodo, pero es verdad que cuando escucho mis primeros discos siento un poco de sonrojo porque no noto que ésa sea realmente mi voz. Va a ser una batalla hasta el final.

-En La zona sucia hay un tema, Cosas que no hay que contar, que no sé si se podría interpretar como un guiño irónico a quienes le reprochan su exhibicionismo...

-Bueno... sí, yo creo que hay... pero no lo llamaría exactamente exhibicionismo. Hablo de cosas que conozco, no sólo de las que me ocurren a mí. Esas cosas, al llegar a una canción, siempre sufren algún tipo de transformación. Contar mi vida como si hablara con un amigo sería un coñazo. Hay una línea muy delgada y sí, creo que a veces me acerqué a ella. Siempre tiene que existir una distancia, aunque sea muy pequeña, para que la canción tenga vida propia. Por otro lado, supongo que no sé hablar de otra cosa que de mi vida y de cómo la miro.

-Ha dicho que había hablado demasiado de drogas en sus canciones. ¿Temió incurrir en la caricatura?

-Sí. Probablemente se creó una caricatura. El hecho mismo de hablar de personaje con tintes de malditismo o lo que sea es ya un poco ridículo en estos tiempos. Mirándolo con cierta distancia, muchas canciones surgían de sensaciones que tienen que ver con las drogas y con sentimientos relacionados con el efecto que tienen; las drogas en su sentido más... analgésico: y las canciones no dejan de estar combatiendo cierto dolor, ¿no? Lo usaba como una metáfora, en realidad. En todo caso, no me parece que haya sido una presencia excesiva en las canciones.

-¿Cree que ha sido interpretado de un modo exageradamente grave?

-He procurado no tomármelo nunca con demasiada solemnidad, pero he sentido que se me percibía así. Por otro lado, creo que esa visión de mí mismo como alguien atormentado a lo mejor la tienen quienes me conocen de manera superficial; pienso que la gente que se acerca a mis canciones no tienen esa idea.

-¿Se vio en algún momento en riesgo de enredarse en la fama en su sentido más frívolo debido a su relación con Christina Rosenvinge?

-Intenté llevarlo con humor. Creo que con el tiempo estas historias se diluyen y las canciones se mantienen en pie o se caen por otras cosas, no por algunas referencias más o menos reales, que no tienen ninguna relevancia. Dicho esto, es verdad que nos pedían salir juntos en reportajes, y a veces no eran ni siquiera de música, revistas de moda y cosas así. Me hizo un poco de gracia al principio, pero al final era solamente absurdo. Lo mejor, desde luego, es evitar que te pueda siquiera esa gracia. Pero nunca sentí que corriera el riesgo de convertirme en algo que no tiene que ver conmigo.

Etiquetas

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios