Con cierto desconcierto

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Un lluvioso martes a finales de un invierno especialmente crudo, y después de un par de semanas de respiro que a modo de falsa alarma parecían anunciar la ansiada llegada de la primavera, no era, en principio, el día más propicio para arrastrar al público a un concierto encuadrado en la XX Jornadas de Música Contemporánea. Si además se trata de una de las propuestas más indigestas del programa, no debería extrañar el anémico aspecto del patio de butacas del Teatro Alhambra.

Bajo el nombre de Champ D'Action, un grupo de músicos y manipuladores de artefactos electrónicos aglutinados en torno a la figura del compositor flamenco Serge Verstockt, plantearon el espectáculo Red Shift, basado en cinco piezas de cuatro compositores contemporáneos. La primera fue Go guitars de la norteamericana Lois Vierk, una de las que mayor reconocimiento ha obtenido dentro de la música experimental. Interpretado en solitario por Tom Pauwels a la guitarra eléctrica, el tema, de resonancias rockistas, se fue construyendo en espiral alrededor de repeticiones de estructura exponencial y sería el momento más grato.

Tras él llegó el turno de Poure, la pieza más controvertida y que mayor desconcierto provocó. Compuesta por el maestro del minimalismo extremo, Phill Niblock, fue interpretada por el violonchelista Arne Deforce, que mandaba un solo tono a la mesa de mezclas desde la que era manipulado electrónicamente hasta devolver un torbellino de sonido. Sin variaciones tonales, el tema iba adquiriendo cada vez mayor densidad conforme su textura iba siendo modificada. Mientras, en una pantalla al fondo del escenario se proyectaban de una serie de alegóricas imágenes en las que unas curtidas manos iban hilando y tejiendo artesanalmente. El desconcierto llegó al fin del tema, tal vez por un pequeño desajuste entre el sonido y la imagen. El público quedó congelado mientras el músico depositaba su instrumento en el suelo en medio de un silencio sepulcral hasta que a alguno la tensión se le hizo insoportable e inició el aplauso. El poder del silencio se impuso como un clímax al ruidismo plasmado en la partitura. Metáfora dentro de un ciclo de música de vanguardia, que si algo puso de manifiesto fue que en el marco armónico de algunas composiciones lo único que quedaba fuera era su necesidad de ser compuestas.

En esa misma tónica minimalista se interpretaron: In circles II de Claudio Baroni y Red shift también de Lois Vierk a cargo de todo el conjunto, y Petals de la finlandesa Kaija Saariaho, que conjugó electrónica con el sonido tradicional del violonchelo.

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