Un cierto sabor antiguo

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Encontramos un nexo en común en las dos artistas programadas el miércoles en los Encuentros de Los veranos del Carbón: su mirada hacia atrás. Aunque, mientras la cantaora trianera, La Tremendita, no abandona las aguas poco profundas de sus mayores, la bailaora jerezana afincada en Sevilla, Leonor Leal, abandona la orilla, sin preocuparse de que la ropa esté a buen resguardo, y se abandona en el piélago profundo, descubriendo nuevas aguas.

Rosario Guerrero La Tremendita parece que se frena en su falsete e imposta una voz que no termina de estallar. Aunque su potencia es limitada, su modulación y el buen uso del micrófono palian su carencia. Con un homenaje a La Paquera por tientos comienza su actuación. El público está frío y la cantaora no es capaz de despertarlo. Al contrario, es Rosario Guerrero la que termina contagiándose de ese letargo. Su recital continúa por Cádiz. Es agradable escuchar un cante con altibajos extremos sin necesidad de gritar. La Tremendita es caracolera y chaconera en las granaínas. Un aplauso continuo merece la guitarra sensible, rápida y limpia del sevillano. Los tangos de Granada no alcanzan la altura deseada, sin embargo, puede que sean los más correctos escuchados hasta ahora de artistas foráneos. La primera parte termina por bulerías y, de regalo, un buen fandango de El Gloria a palo seco a pie de escenario.

Leonor Leal, después de un breve intermedio, es generosa en su entrega. Las guitarras sordas de Tino van der Sman y David Vargas anuncian tangos, que la bailaora aborda con un lenguaje personal, delicado y elegante. Su misma imagen, con el pelo corto y un vestido poco flamenco, acentúa esta diferencia. Ronea en los tangos y se hace querer. Después de una farruca se queda sola en las escobillas y parece que nos roba el aire. La noche es suya y lo sabe. Tiene un buen cuadro que la arropa, el sonido es inmejorable, la iluminación correcta, la plaza es un lujo. Y ella, sin más, triunfa.

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