Es cosa de hombres

Thriller, EEUU, 2011, 110 min. Dirección y guion: Rod Lurie. Fotografía: Alik Sakharov. Música: Larry Groupé. Intérpretes: James Marsden, Kate Bosworth, Alexander Skarsgård, Dominic Purcell, James Woods, Rhys Coiro, Billy Lush. Cine: Cinema 2000.

Si bien Perros de paja no es la mejor película de Sam Peckinpah, sí que fue la más popular de cuantas rodara en ese Hollywood crepuscular, libre y salvaje de los 70 que hoy añoramos y que algunos cineastas, de Fincher a Gray, de Tarantino a Clooney, reivindican como el periodo más estimulante, diverso y rico del cine norteamericano.

Desde entonces, la figura de Peckinpah no ha hecho sino engrandecerse a pesar de sus deslices y tendencias extremas, dejando sin apenas herederos a una tradición, la Americana, a la que cuesta mucho encontrarle hoy un mismo carácter adulto, poético y políticamente incorrecto como el que practicara el director de Grupo Salvaje, La balada de Cable Hogue o Quiero la cabeza de Alfredo García.

Porque políticamente incorrecta y ambigua era aquella primera versión de Perros de paja, disección de la masculinidad furiosa y de la eterna misoginia en un paisaje del norte de Inglaterra poblado de bestias lujuriosas con hambre de sangre, alimentadas por un erotismo femenino que sacaba a relucir los más viejos prejuicios de género que condenaban a la mujer a un desagradable papel de reclamo para los bajos instintos.

La nueva versión e Rod Lurie (La última fortaleza) traslada el mismo esquema argumental a los no menos ancestrales paisajes del Sur norteamericano, en el Estado de Mississippi, un espacio pantanoso y húmedo empapado por la violencia, el racismo, el fundamentalismo religioso y el ojo por ojo como filosofía de vida.

No es mala la elección de este traslado, que saca a relucir los atavismos y la naturaleza esencialmente animal del macho básico, aunque a la postre Lurie no sea capaz de ir más allá de la superficie efectista y simplona de su historia, espiral de acoso y defensa catártica, a la hora de hilar más fino con la imagen especular de la realidad norteamericana que devuelve el relato, basado en la novela de Gordon Williams.

Por aquí siguen desfilando hombres unidimensionales dispuestos a resolverlo todo a tiros, pero también mujeres pasivas que esperan que el macho dé la cara por ellas. Inercias que esta película no ha sabido pulir o no ha querido actualizar tal vez para sentenciar, de forma demasiado explícita y altisonante, que las cosas siguen siendo como antes, cuarenta años más tarde, aquí o en los páramos escoceses.

Un casting de segunda fila tampoco ayuda demasiado a aguantar las comparaciones con Dustin Hoffman, Susan George o David Warner.

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