Un discreto canadiense

  • El cantante y compositor Ron Sexsmith, ídolo de críticos y público minoritario, saca nuevo disco aún más comedido

Un tipo discreto pero un compositor genial. Con su aspecto de Ignatius J. Reilly tristón y taciturno, este grandullón mofletudo criado en las inmediaciones de las cataratas del Niágara, musicalmente activo desde hace más de veinte años, ha despertado más atención entre los críticos y otros ilustres creadores de canciones que entre el público mayoritario. Algunos de sus compositores más admirados, Elvis Costello, Nick Lowe o el mismísimo Paul McCartney han alabado su trabajo pero ni así ha conseguido nunca que sus discos alcancen una repercusión masiva. Algo que hace tiempo tiene asumido. "Si algún día triunfo será gracias a una versión de un tema mío" declaró no hace mucho. Lo cual no deja de ser una injusticia, pues su talento no se reduce a escribir canciones, sino que, como tuvimos ocasión de comprobar en su visita del año pasado al Ciclo de Pop-Rock del Teatro José Tamayo que organiza la Junta de Andalucía, como intérprete posee dotes de altura, y resulta siempre convincente. Con un fondo melódico deudor de sus inicios como cantante de folk, sus temas transitan entre lo melancólico y lo otoñal, pero siempre con la garra que el coleccionista compulsivo de pop anda buscando. Sus canciones suenan delicadas, agridulces pero llenas de brío. Lo novedoso de este Exit strategy of soul -un título que contiene un par de pistas- está primero en el uso del piano. El canadiense cambia la guitarra por las teclas y este simple hecho nos descubre a un nuevo Sexsmith, más sobrio y comedido. También más lírico y con acento gospel. Introspectivo y luminoso al mismo tiempo. El segundo es la producción del sueco Martin Terefe, que lo convenció para trasladarse a Cuba. Allí contaron con la intervención de una sección de viento, que lejos de aportar aire caribeño alguno, dejó las canciones del álbum en un terreno intermedio. En Memphis, podríamos decir. Así Ron Sexsmith deja entrever por primera vez su pasión por el soul sureño más melódico. Por supuesto, no se trata de un disco de soul. Sigue facturando ese pop infalible que lo caracteriza, pero abre su paleta incorporando arreglos de metales que robaría Van Morrison cuando nadie lo viera. Escuchen si no One last around o Brandy Alexander, canción cantada a dúo con su paisana Feist y ya me dirán. Asimismo, unos sutiles coros femeninos se cuelan en Traveling alone o en Ghost of a chance para elevar los temas de este álbum a la categoría de maravilla oculta. Como el propio Ron Sexsmith es, esperemos que no por mucho más tiempo.

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