"El dúo de pianos es una formación espectacular"

  • El malagueño Dúo del Valle presenta con 'Impulse', su primer disco en solitario, un recorrido por dos siglos de música pianística pensada para dos intérpretes

Naturales de Vélez-Málaga, los hermanos Víctor y Luis del Valle cumplen diez años de carrera juntos, en la que parecen seguir la senda de algunas grandes parejas de hermanos que hicieron (y hacen) de los dos pianos el terreno principal de su actividad musical, como los históricos Alfons y Alois Kontarsky o las muy célebres Katia y Marielle Labèque, estas últimas en plenitud creativa (este verano volverán a actuar, por ejemplo, en el Festival de Granada). Ganadores de importantes premios internacionales y con un prestigio creciente a sus espaldas, el Dúo del Valle publica ahora su primer disco, que pretende ser una carta de presentación de su trabajo, con un repertorio que va de Mozart a Ligeti, pasando por Ravel, Gershwin y Lutoslawski.

-¿Consideraban ésta una muestra significativa de su actividad?

-Sí, por supuesto. Con el disco pretendíamos rescatar de alguna manera esta formación del dúo de pianos que parece olvidada por el gran público. Queríamos hacer un recorrido por compositores de primera fila, por obras de la máxima calidad, con las que pudiéramos presentar al dúo de pianos en toda su plenitud, tanto en obras a cuatro manos como para dos instrumentos, y que además nos sirviera de carta de presentación como ese grupo ecléctico que nos consideramos. Por eso esa nómina amplia y diversa de compositores. Estas obras nos acompañan desde hace años, nos sentimos muy cómodos tocándolas, creemos que tenemos algo que decir de ellas y deseábamos compartir eso con la gente.

-Hablan de la necesidad de reivindicar el dúo de pianos, ¿se han sentido alguna vez encasillados como intérpretes de música menor?

-El dúo de pianos tiene aún ese halo de amateurismo. Hay gente que piensa que no son sino dos pianistas que no tienen calidad suficiente para hacer una carrera en solitario o que son dos grandes pianistas que se unen ocasionalmente para hacer una cosa simpática o interpretar alguna gran obra de repertorio, para luego seguir cada uno por su lado. Todavía pesa esa visión de las casas victorianas inglesas con dos jovencitas aficionadas tocando a cuatro manos. Pero eso ya le pasó al cuarteto de cuerdas, que a principios del siglo XX también se consideraba una formación menor. Eso cambió a medida que empezaron a crearse cuartetos de cuerda de calidad, que lograron elevar el prestigio de su repertorio al máximo. Y con el dúo de pianos puede estar pasando algo parecido. Pero la respuesta a su pregunta es sí. Hay todavía mucha gente que cuando le dices lo del dúo te responde algo así como: "Ah, qué interesante, pero qué más haces, ¿tocas en otras formaciones?"… Hombre, sí, hemos tocado de solistas, hemos hecho música de cámara con otras formaciones, pero nuestra principal actividad es la del dúo, que creemos que tiene un repertorio absolutamente maravilloso. Todavía es difícil vender algo así.

-¿También a los programadores?

-Por suerte, cada vez menos. Pero sí que cuesta aún, sólo falta ver la presencia de los dúos de piano en ciclos y festivales. Te llaman una vez y a lo mejor tienen que dejar pasar uno o dos años para volver a contar contigo. Eso no pasa con solistas o con otras formaciones de cámara. Es un mundo que despierta poco a poco, pero falta aún la comprensión de que se trata de una formación que tiene un enorme atractivo para el público. Queda camino por recorrer. Y para recorrerlo es clave que florezcan los dúos.

-El dúo de pianos exige, como toda la música de cámara, por otro lado, una forma de respirar la música prácticamente idéntica. ¿Cómo resuelven las divergencias que sin duda surgen en el estudio de las partituras?

-Lo primero es tener una gran formación técnica y una capacidad de entendimiento y de escucha muy altas. Pero también es importante ser humildes, atender a otras posibilidades que te puedan plantear. Y luego hay por supuesto un trabajo analítico muy intenso y profundo que hacer de la estructura armónica, melódica, rítmica de las obras, así como de todas las indicaciones de las partituras, para verlas no como meros añadidos sino como parte formal inseparable de esa estructura. Una vez hecho este trabajo, se trata de vivir esa música, de sentirla mientras la tocamos. En nuestro caso, como hermanos que vivimos muchos años juntos, que trabajamos casi siempre con los mismos profesores, hemos desarrollado gustos parecidos y un entendimiento de la música muy similar. De todos modos, a veces hay alguna diferencia, sí, y en esos casos, hay que saber escuchar y llegar a acuerdos.

-En obras como La valse de Ravel o la Fantasía de Porgy and Bess que hizo Grainger sobre el original de Gershwin, Impulse tiene un opulento sentido orquestal. ¿Buscaban transmitir sensación de grandiosidad y virtuosismo precisamente como una forma de luchar contra ese halo de amateurismo del que hablaban antes?

-Estamos muy contentos con los resultados de Impulse. Y desde luego hemos explorado a conciencia esa faceta orquestal de los dos pianos, en La valse se ve muy bien. Realmente esta formación, tanto en los dos pianos como en las cuatro manos, es espectacular, y es lo que pretendemos que el público capte. Por supuesto tienes que meterte de lleno en ella y dedicarle el tiempo y la dedicación que merece. En las cuatro manos se comparte el instrumento. Eso genera una intimidad entre los intérpretes que no te la da ninguna otra actividad musical: los miembros de un cuarteto de cuerdas comparten la música pero no el instrumento. Por supuesto, detrás hay muchas horas de estudio, porque es muy complejo: cuando tocas a cuatro manos te falta la libertad de movimientos que tienes cuando tocas solo, y debes ser capaz de equilibrar el sonido, de evitar la sobrecarga de los bajos, de hacer que las voces medias se aprecien pero sin tapar la melodía… Hay que hacer todo eso desde el rigor absoluto. Si no, puede sonar simpático, gracioso, pero nada más. Sin embargo, cuando haces el trabajo correcto y todo fluye como tiene que fluir, puedes conseguir atmósferas verdaderamente mágicas.

-Registran su disco de debut en un sello granadino, Iberia (o IBS Classical). En Andalucía también se pueden hacer bien algunas cosas, ¿no?

-Por supuesto. Conocemos a Paco Moya y Gloria Medina desde hace mucho, hemos participado en sus cursos de La Zubia y en sus ciclos de conciertos. Y como productores su trabajo está al nivel de los mejores. Han conseguido para nuestro disco un sonido extraordinario, y estamos muy contentos con él.

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