Ocho horas antes... parecen reales

  • Los protagonistas del Circo del Sol dedican dos horas y media diarias a entrenamiento y tienen una hora para vestirse y maquillarse · Los ensayos son el lugar en el que pueden "experimentar nuevos movimientos"

Ocho horas antes de la función, el anticiclón comienza a tomar forma. Los pasillos del Palacio de Deportes son un alboroto extrañamente ordenado de artistas con cuerpo de atletas. En este laberinto nuevo para ellos pocos saben por dónde se entra y por dónde se sale. Verlos entre bambalinas, en chándal, en la que será su casa hasta el próximo domingo es casi mejor que verlos sobre el escenario porque, sin público, exploran piruetas, innovan acrobacias... parecen humanos. Dos horas y media de entrenamiento antes del almuerzo y el cambio de ropa y maquillaje obran la transformación.

Geneviéve Laurendeau recibe a los privilegiados visitantes del Circo del Sol entre bambalinas. Esta canadiense es la encargada, ciudad por ciudad, de explicar a los periodistas qué pasa antes de la función. "Los ensayos", dice, "son el lugar en el que pueden experimentar nuevos ejercicios o movimientos que luego comentan al director artístico para incorporarlos o no". Testigos a poquísimos metros del riesgo de los gimnastas de las barras rusas, los periodistas experimentan otro tipo de sensaciones. Más que alegría, las caras son de asombro, envidia o miedo. Y eso que llevan arnés. Por la noche, no.

Entre frase y frase se cuela alguna nota de la música de Alegría. Fernando es el único de la banda que habla español. Vivía en Los Ángeles y un buen día decidió presentarse a una audición: "Me llamaron cuatro años después para viajar a Brasil". Desde entonces viaja con el espectáculo. "Alegría es muy especial porque tenemos muy buen ambiente y somos como una gran familia".

Se nota en los ensayos de los números de la noche. Las dos artistas que darán vida durante la semana al número del arte mongol de la contorsión parecen hermanas. Tal es la confianza de la una en la otra. Con 18 años, llevan diez aprendiendo... Cuando aparece el Hombre Volador, sin más parafernalia que una simple cuerda, uno se siente ante el mismísimo Supermán. Le falta escenario para sus impulsos aéreos. En el bakstage los que vuelan de un lado a otro son los trajes para el estreno. Brillantes, fantásticos y majestuosos, toca darles los últimos retoques. Gaya, una de las asistentes de vestuario, cuenta que intentan hacerlo "lo mejor posible". Con todas sus piedras preciosas, los distintos tejidos, las costuras a mano... la italiana pasa por un intenso momento de estrés: "Tengo cinco minutos", avisa. "Sólo cinco minutos".

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