La liga de los hombres extraordinarios

  • El inminente estreno de la muy publicitada adaptación cinematográfica del cómic 'Los Vengadores', nos permite abordar la historia de esta gavilla de superhéroes que no se quejan del pluriempleo

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En el décimo canto de la Ilíada, a instancias del viejo Néstor, el ejército griego decide enviar a un guerrero tras las líneas enemigas; debe hacer un rehén que les cuente qué se cuece en el campo troyano. El valiente Diomedes se ofrece como voluntario y solicita un compañero para la expedición pues, en medio de la noche, cuatro ojos ven más que dos. Entre los príncipes reunidos Áyax, hijo de Telemón, y Áyax el Grande dan un paso adelante; también Meriones, Melenao y Ulises… Diomedes se decanta por este último, explica, porque tiene un corazón decidido y el ánimo templado (Un héroe como dios manda no duda en reconocer a un igual). Desde que el hombre sueña con grandes gestas y con individuos ungidos con las más excelsas virtudes, las alianzas entre paladines son moneda corriente. Acerquémonos en el tiempo con los ejemplos: en el siglo VI, el rey Arturo fundó la Orden de los Caballeros de la Tabla Redonda, en donde sentaron sus reales las espadas más aguerridas de la cristiandad, muchas de las cuales sucumbirían en el infructuoso empeño de recuperar el Santo Grial. En las diferentes formas de épica cultivadas en el siglo XX tampoco son extrañas estas agrupaciones; pensemos en el western, ¿recuerdan Los siete magníficos?

En 1960, DC Comics ideó La Liga de la Justicia, una coalición integrada por Superman, Batman, Linterna Verde y la Mujer Maravilla, entre otros. El concepto ilustraba ejemplarmente esa idea antigua de que la unión hace la fuerza, y ponía en marcha una sibilina estrategia comercial: las aventuras conjuntas de los miembros de La Liga de la Justicia actuaban de acicate para cada serie individual (Además, un héroe como dios manda jamás se quejará del pluriempleo). Martin Goodman, el director de Marvel, propuso a Stan Lee y Jack Kirby la creación de una gavilla de superhéroes semejante a la de sus rivales. Lee & Kirby le ofrecieron Los 4 Fantásticos, que era más de lo mismo, pero no exactamente igual. La propuesta tuvo éxito y, en los años siguientes, las rotativas de la Casa de las Ideas arrojaron al mundo una variopinta caterva de individuos con ropa interior chillona y existencias atormentadas. Así y todo, Martin Goodman no se apeaba del burro. Y como cada vez era más fácil hacer realidad este afán ostentoso, resignados a los designios del Hado y el Mercado, Lee & Kirby alumbraron Los Vengadores. La primera historieta salió a la calle en septiembre de 1963.

El grupo estaba integrado entonces por Thor, Iron Man, el Hombre Hormiga, La Avispa y Hulk. El Capitán América se incorporó en el número 4, pasando a formar, junto a los dos primeros, la que se considera la Santísima Trinidad de dicha congregación. Con bastante buen juicio, Stan Lee excluyó a varios personajes emblemáticos de la plantilla; el escritor defendió la radical individualidad de Spiderman, arguyendo que el Hombre Araña era un solitario, un francotirador, no un soldado más en la tropa (El Hado y el Mercado exigirían su alistamiento décadas más tarde). Otros héroes, como Los 4 Fantásticos, se autoexcluían por ser una liga en sí misma y responder a unos postulados patrioteros que, en teoría, estarían ausentes en la nueva alineación. Me explico: Los Vengadores nacen como alianza trasnacional que no conoce banderas ni fronteras; de hecho, trabajarán a las órdenes de la ONU en más de una ocasión y, andando los años, los terrenos en Manhattan donde tienen su sede serán reconocidos como un Estado soberano a la manera de la Ciudad del Vaticano.

Si bien con extrema cautela -la temeridad la reservan para su lucha contra el Mal-, Los Vengadores le han echado el pulso a la sociedad según soplaran los vientos en una u otra dirección. Cabría reseñar a propósito alguna trama trenzada a principios del siglo XXI: los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York y Washington, las políticas de rearme y desquite de George W. Bush y el sucesivo clima de paranoia colectiva dejaron su huella en el mundo del tebeo. Y si bien con una timidez rayana en el temor, Los Vengadores plantaron cara a estas tendencias reaccionarias desde postulados confusamente progresistas. En Zona Roja -una serie de seis entregas publicada entre mayo y octubre de 2003, con guión de Geoff Johns y lápices de Olivier Coipel-, la realidad entra esquinadamente en la historieta: en el monte Rushmore se comete un atentado con armas tóxicas; a la pregunta de quién es el responsable, un policía responde: "Al Qaeda, Hydra, Hezboláh. Elige tú mismo". Los Vengadores descubren que el enemigo está dentro de casa, no fuera. ¡Toda una osadía! No falta, empero, la consabida moraleja -el Bien siempre triunfa- que arruina en parte la faena.

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