El pájaro migratorio

  • Peter Gabriel regresa a la música con un disco de versiones

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Primero exploró, al frente de Genesis, una de las vetas que más rechazo han provocado en la historia del rock. En la cumbre abandonó el proyecto para alimentar sus ansias de experimentación y fue vapuleado por ello, aunque se consolidó como artista de culto. Más tarde, cuando había convencido a los más recalcitrantes, publicó sus discos más accesibles y se convirtió en una estrella mainstream sin renunciar a su identidad. Harto también de aquello, huyó de los focos para componer bandas sonoras y, sobre todo, volcarse en sus nuevos grandes proyectos desde entonces: el sello Real World y el festival WOMAD, desde los que dar cobertura a músicas de procedencias diversas. A partir de ahí su carrera como intérprete se fue diluyendo e incluso algunas de sus últimas declaraciones dejaban entrever su malestar y cierto desencanto con el rumbo que estaba tomando la música, un producto cada vez más perecedero y consumido, según él, a los ínfimos niveles de calidad que supone el mp3 frente a los avances de los sistemas de grabación. Para otros, en cambio, sus quejas no eran más que las excusas de un músico acabado al que hacía tiempo que la inspiración había abandonado. Peter Gabriel vuelve ahora con un álbum de versiones orquestales de grandes temas de otros. No parece demasiado si consideramos que desde el 86 sólo ha publicado dos álbumes de estudio con canciones propias. Más bien refuerza los argumentos de sus detractores. El disco se anuncia como la primera parte de un proyecto en el que los ahora versionados devolverán el favor interpretando otras tantas piezas de Gabriel. De momento, en este Scratch my back selecciona seis temas de compañeros de generación (David Bowie, Paul Simon, Randy Newman, David Byrne, Lou Reed y Neil Young) y otros seis de lo que para él deben ser jóvenes talentos (Stephin Merritt, Arcade Fire, Radiohead, Regina Spektor, Elbow y Bon Iver). En todos ellos domina el piano y las cuerdas, el tono melancólico y minimalista y, por encima de todo ello, la hermosa voz de trovador visionario de Peter Gabriel, clara, profunda y solemne. Eso es lo que siempre le quedará. Una de las mejores voces que ha dado la historia del rock. Y, qué demonios, si las musas han dejado de visitarle a la hora de componer, qué hay de malo en que escoja un buen puñado de buenas canciones de otros más inspirados que él para volver. Siempre nos quedará la opción de desempolvar sus viejos discos. Y esto es a eso a lo que invita este trabajo.

Peter Gabriel Real World Records

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