Arte hoy

La picardía de una mirada barroca

  • El artista Eugenio Ocaña recopila su trabajo más reciente en 'Entremesas y figuras', una muestra integrada por 28 piezas en la que incluye retratos, escenas y bodegones que lleva a la galería Caja Rural

Una mirada pícara e irónica hacia las corrientes barrocas que se cruzan con las tendencias más altruistas de un arte llevado por la imaginación y la alegría. Ésta es la propuesta del artista granadino Eugenio Ocaña, que no sólo proyecta su trabajo en el ámbito nacional e internacional, sino que en estos días presenta en su ciudad natal una colección con sus últimas creaciones.

Un total de 28 cuadros intregran Entremesas y figuras, una exposición que acoge la galería Caja Rural y en la que se puede observar un gusto por lo natural y eterno, que el autor transcribe a modo de óleo con un equilibrio de colores y líneas marcadas. La exposición de Ocaña es un 'festín', un celebración alrededor de la mesa en la que retrata a unos personajes, hombres, niños y mujeres, que mantienen una relación continua con la acción de la comida. De una forma divertida y alusoria el artista parece entrometerse en la vida de sus personajes. Éstos con una postura natural se muestran ante un acto cotidiano, como puede ser estar tomándose un vaso de agua, mirándose al espejo o morder una naranja.

Cada lienzo se convierte en una escena que deja ver a través de los pinceles del granadino el espacio íntimo de los protagonistas. Para conseguir este efecto, superpone las figuras sobre un fondo negro, como si de la escena de una pieza teatral se tratara. Por ello ha adoptado por título Entremesas, el espacio imaginario que se encuentra entre el comensal y su alimento, haciendo un guiño al entremés del teatro, las piezas que se veían entre acto y acto de una obra. Pero se trata sólo de "un matiz", confiesa Ocaña, "con el que he relacionado la obra". No pretende algo muy concreto o determinado sino una muestra abierta al público para que pueda interpretar y darle una visión propia a cada cuadro.

Destacan las luces, el colorido de las figuras y los objetos con los que los viste. Consigue una gran frescura y expresividad en los rostros a través de las líneas y trazos y variada paleta cromática de tonalidades que emplea en sus pinturas. Es notable una juego de miradas que se cruzan por la sala y chocan con la del propio espectador. El artista desafía la naturaleza de los cuerpos y su posición en la habitación para prestar una sensación y las emociones que saltan de los protagonistas.

Figuras, retratos y bodegones componen la muestra que se podrá visitar hasta finales de este mes, y en la que rescata piezas de anteriores exposiciones como El banquete que presentó en Huesca el año pasado. Entre ellas están El carnicero o La dama Juana. Ocaña persigue un estilo que se funde entre lo goyesco, el barroco y pinceladas más contemporáneas como el pop-art. Se trata sin duda de una gran apuesta por lo clásico desde el punto de vista de un joven pintor que destaca en el panorama artístico por su trabajo reconocido por numerosos premios, y mostrado en exposiciones en Japón, México, Estonia y España.

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