"El suicidio es el gran acto de libertad, pero sin caer en la idealización"

  • El autor reúne a grandes personajes de la historia que se quitaron la vida en un diccionario por el que pasan clásicos como Marilyn Monroe o Hemingway a desconocidos como el capitán Araya

En el mundo del suicidio hay vida más allá de Marilyn y Cleopatra. Los grandes nombres y las diferentes tipologías están recogidas en el Diccionario del suicidio de Carlos Janín, un hombre vitalista que elegiría un ataque de risa para quitarse la vida. Y entre los suicidas ilustres incluye a Jesucristo, quien "se entrega para que otros lo maten sin remisión ni escapatoria". Otro caso es el de Violeta Parra, quien poco antes de pegarse un tiro escribe la canción Gracias a la vida. Lo definió Guy de Maupassant: "Es la fuerza de quienes ya no tienen ninguna, la esperanza de los que ya no creen, es el sublime valor de los vencidos".

-¿Cómo se le ocurrió hacer un diccionario del suicidio? ¿Anda preocupada su familia?

-Aquí hay de todo. La cosa comenzó casi como una colección de cromos. Empecé a apuntar y a anotar suicidios y comencé a darme cuenta de la cantidad de suicidios a lo largo de la historia, con nombre propios. Sobre todo gente importante, pintores, artistas, poetas... Te das cuenta de que el suicidio es un tema universal en el tiempo y en el espacio, no hay pueblo ajeno.

-En Japón no deja de ser un acto aristocrático.

-Sí, te pones a pensar no hay país que se escape. Desde una casta como los samurais, que lo toman como un acto heroico y filosófico, hasta la gente más pobre que se suicida por deudas y miserias. Afecta a todo el mundo, a todos los países. Sociedades que lo ven como algo delicado, grandioso, ensalzado, hasta otras sociedades en las que es un tabú, lo último que puede hacer una persona.

-El suicidio tipificado legalmente como delito, ¿ha causado muchas paradojas a lo largo de la historia?

-En muy pocos países es ahora ilegal. Sí lo es en los países islámicos, donde a uno que haya fallado en el intento de suicidio se le puede condenar a muerte. Eso ha ocurrido, parece un chiste, macabro eso sí.

-Y el reo tan feliz...

-Claro. Le falla la soga, lo pilla la policía y lo ejecuta.

-El libro comienza con una definición de 'accidente laboral'.

-Sí, es un suicidio como consecuencia del acaso laboral de los patronos, una consecuencia lógica de una situación de agobio total, como una manera también de dejar una pensión a la viuda. Es un caso de 2006 en el que un juez dictaminó que la muerte de un hornero por suicidio fue un accidente de trabajo por aguantar durante años unas condiciones de trabajo extremas.

-El libro no es una sucesión de suicidas más o menos ilustres. Hay definiciones como 'ahorcamiento' o 'hachís' que le permiten personalizar el libro, reflexionar de alguna manera.

-El libro tiene suicidas ilustres, legislación, psicología, filosofía, religión... Hay incluso una entrada dedicada a los métodos para matarse.

-Quizás el más famoso sea el áspid de Cleopatra.

-Sí, sí, con esos cuadros con la serpiente en su seno.

-¿Qué métodos le han llamado más la atención?

-El ahogamiento es muy curioso en la historia universal. Hay casos de gente que se lanza al mar a caballo, una imagen preciosa. Un hombre que se tira al galope contra las olas, se introduce en el mar y se ahoga como un centauro.

-La Roma imperial con Calígula o Tiberio daría para cinco libros .

-Desde luego, el suicidio formaba parte de la sociedad. El tribunal te condenaba a suicidio, no te ejecutaban, sino que te matabas tú mismo.

-En esta tipología de suicidios políticos entraría Salvador Allende...

-Se pegó un tiro con una metralleta cuando Pinochet atacó el Palacio de la Moneda y se sintió acorralado. Como tanta gente se pegó un tiro en ese momento de resistencia final. En las guerras es habitual que el derrotado se suicide. Un ejemplo es el capitán Araya, embarca a las tropas y se suicidan en la playa. El tío ofreció máximas y consejos para suicidarse, mucha gente se lo tomó en serio y se quitó la vida. Pero él no. Hay campos en el que la gente se suicida mucho, caso de las estrellas del rock o actores de cine. ¿Por qué? No lo sé.

-Pero en teoría, el suicidio es un acto solitario.

-Sí y no. Si se fija hay una gran cantidad de suicidios solitarios pero están los casos de las sectas que salen de cuando en cuando en los periódicos.

-Cada país tiene también su forma de quitarse la vida. En España, nada tan castizo como colgarse de la rama de un olivo. ¿Dice mucho de la cultura y de la situación de un país qué forma elige la gente para suicidarse?

-El ahorcamiento es más frecuente que el harakiri. También es por el paisaje. Un campesino desesperado no tiene una bañera caliente para cortarse las venas. Se cuelga de la rama de un árbol.

-¿Qué caso le ha hecho esbozar una sonrisa?

-Hay un poeta griego, que por las razones que sea decide suicidarse. Se tira al mar y, como el instinto de vida es tal, se pasa horas y horas nadando hasta que las olas lo llevan a la playa. Llega agotado pero vivo. Después escribe una carta póstuma diciendo que quien sepa nadar no se intente suicidar ahogándose, porque es terrible. Al día siguiente se pegó un tiro.

-Ganivet sí fue más persistente en su 'modus operandi' y se tiró al río dos veces hasta que lo consiguió.

-Se tira, lo sacan y se tira otra vez. Pero otras curiosidades que muestro en el libro son los casos de gente famosa que se quita la vida y los medios lo enmascaran. Hay que ver el tabú que se mantiene todavía en nuestra sociedad, es el horror absoluto. Un caso es Hemingway, se va a su casita de caza y se dispara en la cabeza. Pues toda la prensa mundial dijo que era un accidente de caza.

-Bueno, se cazó a él mismo.

-Exactamente. Recientemente se quitó la vida el escritor checo, un tipo simpatiquísimo y vitalista, que en un momento determinado, con 80 años, decide tirarse por la ventana. Pues la prensa local dijo que se había caído dando de comer a las palomas en el alféizar de la ventana.

-¿Le interesa el último momento del suicida, cómo y cuándo coge impulso para quitarse de en medio?

-Como autor de un diccionario soy muy neutro aunque tenga muchas entradas con pequeños ensayos. Pero no opino yo, me limito a recoger opiniones de filósofos.

-¿Defiende la eutanasia?

-Sí, claro. Es innoble que la legislación te condene a tu enfermedad. Te condenan a que sufras hasta que mueras.

-Pero, puestos a elegir, nada mejor que un buen ahorcamiento. Dicen que provoca una eyaculación, el mejor final para un impotente...

-Hubo un rockero americano que quiso probarlo. Pero se le fue de las manos y se acabó ahorcando de verdad.

-¿Qué le atrae del suicidio para dedicarle un estudio tan meticuloso como este?

-Lo universal que es, que afecta a todo el mundo. Es un acto de gran libertad y está tan inmerso en la vida del hombre que forma parte de su vida. Como dicen los filósofos, no tenemos libertad para nacer, no nos piden nuestra opinión, pero podemos decidir cómo, cuándo y dónde quitarnos la vida. Es el acto supremo de libertad sin caer en la idealización.

-Albert Camus impregnó buena parte de su obra de lo que acaba de decir...

-Y llegó a escribir todo un estudio sobre el suicidio, para él era una razón radical, troncal. Otro caso lo planteó un psiquiatra, el suicidio crónico. Los drogadictos, los alcohólicos, que no toman la decisión suprema pero están jugando a la ruleta rusa.

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